sábado, 5 de noviembre de 2011

Marco Simoncelli (20 de enero de 1987-23 de octubre de 2011)



Cuando me aficioné al motociclismo allá por el año 2004 pensé que estas desgracias ya no pasaban, que los accidentes mortales eran cosa del pasado, que el enorme incremento de la seguridad en los circuitos y en las equipaciones de los pilotos impedía que alguien acabara realmente malherido. Me acostumbré a presenciar todo tipo de caídas, algunas de las cuales te dejaban sin respiración, y a ver como, sin casi solución de continuidad, los pilotos implicados se levantaban raudos y veloces para volver a la pista lo antes posible. De vez en cuando, alguno acababa en la clínica móvil con uno o dos huesos rotos y más contusiones de las que yo sería capaz de soportar. Incluso había quien se perdía varias carreras después de que los mejores cirujanos deportivos tuvieran que ensamblar su maltrecho esqueleto con diversos trozos de metal. Sí, creía que lo peor que te podía pasar era perderte media temporada por una tibia rota, una falange seccionada o una clavícula partida. Desgraciadamente, estaba equivocada.

El año pasado fue Tomizawa. Vi el accidente en directo, pero no me pareció tan grave. Pensé que era sólo una caída más, muy aparatosa, es cierto, pero no más que otras muchas que había presenciado con anterioridad. El anuncio de su fallecimiento, en mitad de la carrera de Moto GP me pilló total y absolutamente desprevenida. Simplemente no daba crédito a lo que escuchaba. No me cabía en la cabeza que en pleno siglo XXI un piloto de élite pudiera morir en la pista. Pero así fue y así ha vuelto a suceder.

Con Marco fue distinto. También presencié el accidente en directo y nada más verlo comprendí cuál sería el desenlace. Lo determinante no fue la aparatosidad de la caída, sino que, al igual que Tomizawa, poco más de un año antes, el italiano quedó tendido en el asfalto sin realizar ni el más mínimo movimiento. Fue un terrible déjà vu. Lo que yacía en mitad de la pista no era un piloto gravemente herido, sino un cuerpo inerte, reventado por dentro. La realización tardó mucho en repetir las imágenes del choque y en ningún momento nos ofreció un primer plano del accidentado. Ernest Riveras dijo que le había parecido ver que el italiano había perdido su casco. Todo indicaba que el desenlace sería funesto, por mucho que se dilatara la confirmación de la noticia. Al parecer, los médicos trataron de salvarle la vida durante 45 largos minutos. En realidad, no había mucho que hacer.



Decían que era un piloto excesivamente arriesgado, incluso peligroso, un inconsciente que ponía en peligro a todos los que pilotaban cerca de él. Yo siempre pensé que su problema era que tenía demasiadas ganas de hacerlo bien, de brillar, de volar más rápido que el viento y ganarlo todo. Supongo que esas ganas fueron las que impidieron que soltara la moto y aceptara una caída que seguramente no le habría costado la vida. Pero intentó evitar un nuevo cero dentro de su irregular temporada y se aferró con uñas y dientes a su Honda, estrellándose contra Edwards y Valentino y perdiendo el casco como consecuencia de la brutalidad del choque.

Tenía 24 años. No merecía acabar así. Nadie merece acabar así.

Aunque, como siempre en estos casos, puede que lo más duro sea el drama del superviviente, la culpabilidad de los otros dos implicados en la tragedia, Colin Edwards y su íntimo amigo Valentino Rossi. El primero declaró recientemente: "Los últimos días han sido muy duros, sobre todo las primeras 24 horas después del accidente cuando me vinieron miles de preguntas a la cabeza. Qué habría pasado si hubiera hecho esto o hubiera reaccionado de aquella manera. ¿Podría haber hecho alguna otra cosa? Pero cuando regresé a casa volví a ver el vídeo y encontré la respuesta inmediatamente: no pude hacer nada para esquivar a Simoncelli. Y, como yo, tampoco Valentino Rossi". Y, aún así, siempre queda la duda de qué habría pasado si...

Los lamentos, el luto, los homenajes. Mañana Cheste se concentrará en recordar al italiano. Parece ser que el público asistente se poblará de enormes pelucas rizadas imitando la característica melena de Marco. También habrá un minuto de ruido y casi todos los pilotos adoptarán las más diversas iniciativas para honrar su memoria. También se ha anunciado que el circuito de Misano cambiará su nombre por el de Marco Simoncelli.

En cualquier caso, será difícil olvidarlo. Como declaraba Edwards, "Hemos perdido una estrella luminosa. Marco era muy querido por los aficionados por su personalidad, su carácter y su carisma. A la gente le gustaba verle no sólo por las carreras sino por lo que conseguía transmitir. Marco era una personalidad de las que no abundan en Moto GP, aunque sé que alguno no estará de acuerdo con esto. Me gustaba mucho la forma en la que se relacionaba con los tifosi".

Allá donde esté, descanse en paz.

martes, 6 de septiembre de 2011

España 57-Turquía 65

Hubo un tiempo en el que yo disfrutaba viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. No teníamos a los mejores jugadores del mundo, pero fuimos campeones del mundo; porque, a diferencia de EEUU, sí teníamos el mejor equipo del mundo.

Dicen las malas lenguas que ganamos gracias a Gasol, pero Pau no jugó la final. Todos dudaban de ellos la noche anterior al partido del todo o nada frente a una siempre correosa Grecia, plagada de mastodontes capaces de borrar de un soplido a nuestros, a su lado, escuchimizados chicos. Pero ellos no dudaron. Con nuestro jugador insignia sentado en el banquillo, sus lugartenientes saltaron a la pista sin ningún tipo de miedo o complejo, convencidos de que a la enésima va la vencida y de que, después de tantos y tantos años rozándola con la punta de los dedos, en esta ocasión la gloria no les sería esquiva.

Se puede ganar y se puede perder, pero lo importante es saber hacer ambas cosas y los nuestros no sólo ganaron, sino que inscribieron sus nombres en la historia del baloncesto con letras de platino. No sé con qué disfruté más, si con el partido lleno de seriedad, coraje e ideas claras o con la celebración pletórica de la épica victoria. Y es que si los españoles fueron una piña dentro de la cancha de baloncesto, lo fueron aún más fuera de ella. Y como la piña que eran festejaron un campeonato mundial que unas semanas antes se antojaba más utópico que real.

Luego vino el subcampeonato de Europa de Madrid. Dicen las malas lenguas que a los nuestros les pudo la presión de jugar en casa y que Pepu no supo gestionar adecuadamente a sus jugadores. Como dije antes, yo pienso que se puede ganar y se puede perder, pero lo importante es saber hacer ambas cosas y los nuestros perdieron ante la siempre temible Rusia después de que Pau fallara un tiro sobre la bocina que, de haber entrado, nos habría proclamado campeones de Europa. ¿Fracaso? Yo más bien lo considero mala suerte. ¿Que Pepu se equivocó al dejar que el Gasol más fallón de los últimos tiempos se jugara el tiro decisivo? No lo dudo, pero ¿quién habría dejado que otro se jugara las habichuelas? Sí, perdimos en casa, pero luchamos hasta el final y los jugadores digirieron la inesperada derrota en piña, como siempre. Todos enjugaron las lágrimas de rabia de Pau y le defendieron con uñas y dientes ante los medios de comunicación. Si un año antes se repartieron la victoria a partes iguales, en esta ocasión hicieron lo mismo con el dolor de la derrota y todo resultó más soportable.

Entonces ese cáncer llamado José Luis Sáez decidió que nuestra selección era un barco que navegaba solo, una máquina perfectamente engrasada capaz de funcionar sin ningún tipo de dirección, lo que le permitía prescindir de Pepu aduciendo mil mentiras encadenadas que, a día de hoy, aún hay gente que se cree a pie juntillas. Fichó a un ya pasado de rosca Aíto García Reneses y nos vendió la moto de que nuestra selección se proclamaría campeona olímpica aunque estuviera entrenada por un chimpancé.

Pero desaparecido el mago, desapareció la magia. Teníamos mejores jugadores que en Japón y que en Madrid, pero el equipo era peor. La piña comenzaba a resquebrajarse. La fe desaparecía en los momentos en que más la necesitábamos y el caos se adueñaba del juego de nuestra selección con demasiada frecuencia. Aún así, nos llevamos la medalla de plata poniendo en serios aprietos a la nueva versión del Dream Team. La sombra de Pepu era alargada y todos creímos que esa derrota era una victoria.

Entonces llegó Scariolo, primer seleccionador extranjero y entrenador en activo en Rusia. Pepu, al que Sáez había dado la patada debido a los insistentes rumores que hacían sonar su nombre como próximo entrenador del Unicaja, continuaba en el paro. Aíto era quien estaba en Málaga. La exclusividad necesaria para encargarse de la selección española de baloncesto ya no era tan necesaria. Paradojas de la vida.

Y así llegamos a Polonia y yo dejé de divertirme viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. Irónicamente, nos proclamamos campeones de Europa por primera vez en nuestra historia. Dicen las malas lenguas que Scariolo no será tan malo si logró hacerse con el oro. Cualquiera que entienda algo de este deporte sabrá que nuestra selección se proclamó campeona a pesar del italiano y no gracias a él. Desgraciadamente, en el mundial de Turquía los nuestros no tuvieron fuerzas suficientes para enfrentarse a sus rivales y a sus propios fantasmas. Ni siquiera olimos las medallas. Scariolo dijo que las expectativas generadas en torno a nuestra selección eran excesivamente grandes. De repente no éramos tan buenos. Total, sólo nos avalaban un mundial, un subcampeonato de Europa, una medalla olímpica de plata y un campeonato de Europa.

Dicen las malas lenguas que nuestra selección, ésa que ganó a Grecia con Pau en el banquillo, se reduce a Gasol y que sin él nunca llegaremos a nada. Lo malo es que esas malas lenguas, después de lo de ayer, tienen un argumento más a favor de su estúpida teoría; olvidándose de que, desde que el italiano dirige al conjunto español, ya no somos un equipo, sino un conjunto de grandes jugadores que corren de un lado al otro de la cancha, tiran, rebotean, pasan y defienden sin orden ni concierto, tratando de hacer lo que los entrenadores de sus equipos les han enseñado a lo largo de la temporada, sin darse cuenta de que están en otro lugar, en otras circunstancias y con otros compañeros. No, con Pau o sin Pau ya no somos un equipo. Ya no disfruto viendo jugar a nuestra selección de baloncesto.

Lo de ayer pudo haber ocurrido en la primera jornada, cuando necesitamos 29 puntos de Pau para ganar a una endeble Polonia. Entonces las malas lenguas dijeron que ganamos gracias al liderazgo de Gasol y Navarro, menospreciando al resto de jugadores de nuestra selección, como si uno por uno no fueran notablemente superiores a los miembros del combinado polaco. No, señoras y señores, no nos engañemos, el problema no es que nuestra selección se reduzca a Gasol; sino que, igual que en Turquía, ninguno de los miembros del equipo sabe a qué juega el equipo, porque simplemente no hay estrategia ninguna, ni sistemas defensivos, ni de ataque, ni piña, ni espíritu, ni fe.

Las malas lenguas podrán seguir diciendo que perdimos porque Pau estaba lesionado y no jugó. Yo creo que lo hicimos porque nuestro seleccionador no fue capaz de realizar ningún cambio efectivo en el último cuarto, permitiendo que nos ancláramos en los 57 puntos desde casi el comienzo del último periodo. No pidió tiempo muerto hasta que ya nos habían adelantado en el marcador, no utilizó a Claver ni a San Emeterio en todo el encuentro y se jugó el ser o no ser con un tiro de un cada vez menos acertado Ricky Rubio.

A falta de dos minutos sabía de sobra cuál sería el desenlace. Ya había visto esta película antes, demasiadas veces desde que Scariolo honra nuestro banquillo con su trasero. Y seguirá haciéndolo, porque a Sáez le sale de los huevos o porque puede que volvamos a ganar a pesar del italiano. La sombra de Pepu es alargada y aún quedan muchos miembros de los doce magníficos de Japón.

No sé qué pasará mañana, pero espero no ver más celebraciones como la de los turcos. Se puede ganar o se puede perder, pero hay que saber hacer ambas cosas y nosotros hace mucho que no perdemos dignamente y, sobre todo, que no somos una piña. Sería una pena que los mejores jugadores españoles de todos los tiempos murieran aplastados por el capricho de Sáez de someterlos al desnortado Scariolo. También es triste ganar a pesar de tu seleccionador. Lo siento, pero ya no disfruto viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. Quizá con un chimpancé al frente, todo sería mejor.


lunes, 30 de mayo de 2011

Semifinales Playoffs ACB: Real Madrid 66 - Bizkaia Bilbao Basket 71

No es que quiera excusar a los tan irregulares como faltos de personalidad jugadores del Real Madrid de baloncesto. Es sólo que estoy firmemente convencida de que el principal culpable de los últimos ridículos deportivos protagonizados por el equipo blanco es el mequetrefe de Molin.

Después del estrepitoso fracaso de la Final Four y de un final de temporada al más puro estilo de Jeckyl y Hyde, en el que el Madrid nos brindó momentos gloriosos de baloncesto mezclados con minutos total y absolutamente penosos, llegamos a unos Playoffs harto inciertos marcados por un Llull en estado de gracia, un Carlos Suárez desaparecido en combate y un rendimiento más que mediocre del resto de merengues del equipo.

Aún así, el empuje de Llull fue suficiente para colocar a un desdibujado Real Madrid en las semifinales de la ACB e incluso para ganar el primer encuentro de las mismas frente al Bizkaia Bilbao Basket.

No obstante, si tensas mucho una cuerda, ésta acaba rompiéndose y eso fue justo lo que ocurrió este domingo a las 20:30 h en la Caja Mágica.



A pesar de que Llull comienza a parecerse más a un extraterrestre que a un jugador de baloncesto, marcando triples imposibles, planeando en vuelos interminables hasta la canasta contraria, corriendo a la velocidad del correcaminos y defendiendo como un auténtico animal; un Madrid cuyo ataque se redujo a la inspiración del menorquín y algún leve síntoma de recuperación de Suárez y totalmente inoperante en defensa vio cómo el Bilbao le metía casi 20 puntos de diferencia en la primera mitad sin que Molin se molestara siquiera en intentar cortar la racha de los vascos con un tiempo muerto que sólo se dignó a solicitar cuando la brecha en el marcador se antojaba casi imposible de salvar.

Aún así, siguiendo las directrices de un encorajinado Prigioni y con el seguro de vida que implica poner a Fisher en pista, perfectamente acoplado a un cada vez más centrado Mirotic, sin olvidar, por supuesto, el acierto del todopoderoso Llull, el Madrid se entretuvo en volver a igualar el encuentro en un tercer cuarto para enmarcar, llegando al último cuarto con una opción más que clara de ir a Bilbao con un 2-0 de ventaja.



Y aquí es donde entra mi admiradísimo Molin. Si has remontado el encuentro con Fisher y Mirotic en pista, lo mejor que puedes hacer para ganar el partido es sentar a ambos durante la mayor parte del último cuarto para sacar a Manos-de-gacha-Tomic y No-me-entiendo-con-Tomic-ni-por-señas-Felipe-Reyes. Y no sólo eso. Cuando ves que el croata no coge un rebote ni por casualidad, que no mete canasta ni estando solo debajo del aro y que su concepto de una buena defensa es hacer faltas en ataque, tú lo dejas en pista hasta que quedan menos de 40 segundos de encuentro y entonces, y sólo entonces, sacas a Fisher. Por supuesto, también has visto la versión más fallona de Felipe, pero le dejas en pista hasta que se autoelimina por faltas. Total, Mirotic-Fisher sólo habían formado una pareja perfecta debajo de los tableros durante el tercer cuarto. Mejor que sigan siendo la pareja perfecta en el banquillo.

Y para lo de Begic es que no tengo palabras. Messina da de baja a Garbajosa para fichar a este gigante bosnio y luego tanto él como su sucesor Molin lo anclan al banquillo pase lo que pase. En esta ocasión, para más inri, lo hizo bastante bien durante los tres minutos y medio que estuvo en pista. Pero mejor dejar al fantástico Tomic y ver cómo nos dan hasta en el carnet de identidad.



Sé que era la crónica de una derrota anunciada, pero cuando ves que el equipo reacciona, que le echa huevos y tira para adelante y que es el entrenador quien sienta a dos de los pilares de la remontada y se cruza de brazos hasta el final del partido, la cara de idiota que se te queda cuando suena el último pitido es de campeonato.

Si a Florentino Pérez le interesara mínimamente el baloncesto pondría a este nuevo cáncer italiano de patitas en la calle, pero como sólo tiene ojos para el galáctico Cristiano imagino que los aficionados madridistas no podremos volver a pisar la Caja Mágica esta temporada. A menos que el Madrid imite a la selección española de baloncesto del europeo de Polonia y gane, no gracias, sino a pesar del italiano del banquillo. Ha ocurrido antes. Puede volver a ocurrir. También puede que todo termine el jueves.

domingo, 8 de mayo de 2011

Final Four: Maccabi 82-Real Madrid 63

Había costado mucho llegar hasta allí. 16 años, si las cuentas no me fallan, y cinco duros partidos ante el Power Electronics Valencia, entre otras muchas cosas. Los jugadores del Madrid llegaban a Barcelona ilusionados, con hambre de títulos, conscientes de que estaban ante una gran oportunidad de alzarse con la Copa de Europa y sabiendo lo que tenían que hacer para ganar la Final Four. Así lo aseguraban Carlos Suárez, Sergio Llull y Felipe Reyes. Desgraciadamente para los aficionados madridistas, nada de esto sirvió para nada cuando llegó la hora de la verdad.



Con las gradas teñidas de amarillo, el Madrid salió con más ganas que estrategia y tras ponerse por delante durante los primeros minutos del encuentro, cedió el protagonismo al equipo israelí, que empujado por su vociferante afición, acabó ganando el encuentro.

Sólo Felipe Reyes y Prigioni supieron dejar a un lado los nervios y hacer un partido serio. Felipe se partió el pecho bajo los tableros, peleando cada rebote como si fuera el último del partido y sacando fuerzas de flaqueza para luchar hasta el final. Pablo volvió a dar una clase magistral de cómo ser el base perfecto, dirigiendo al equipo, defendiendo a muerte y enchufando algunos triples espectaculares que evitaron que el Madrid se descolgara en el marcador en la primera mitad del encuentro.

Lamentablemente, la juventud e inexperiencia del resto de la plantilla madridista fue demasiado evidente. Tomic continuó siendo el pívot blandito que ha sido siempre, encestando sólo cuando los rivales le dejaban algo de espacio o conseguía fabricarse un tiro de media distancia, creando un agujero negro bajo los aros que Felipe no era capaz de llenar sin la ayuda del croata. Sergio Llull lo intentó todo por activa y por pasiva, pero sin ningún tipo de acierto. Aunque supongo que las grandes decepciones fueron Carlos Suárez y Mirotic. El primero, aterrorizado ante la idea de fallar los tiros decisivos, optó por no tirar prácticamente nada y esconderse detrás de buenos pases que sus compañeros no acababan de convertir en canasta. Sólo cuando dejó de pensar por un instante salió el Bird que lleva dentro, marcando un triple imposible que, por un momento, me hizo creer que la remontada era factible. Me equivoqué. Fue sólo un espejismo. Carlos volvió a pensar y se entregó al miedo al fracaso, delegando la responsabilidad de luchar por la victoria en los demás miembros del equipo. En cuanto a Mirotic, poco se puede decir. Jamás lo había visto tan desquiciado como el viernes. Presa del pánico, tiraba sin orden ni concierto lo poco que llegaba a sus manos, contagiando a sus compañeros su nerviosismo y precipitación y haciendo más abultada la diferencia en el marcador. Tampoco asumieron su responsabilidad como tiradores ni Tucker ni Sergio Rodríguez, ni ningún otro miembro de la plantilla blanca. Incluso Fisher se entretuvo en hacer uno de los peores partidos de la temporada, con acciones tan desacertadas como la pérdida de balón nada más sacar de fondo, seguida de canasta más falta personal.

Molin, por supuesto, una vez más, no supo gestionar a sus pupilos, cambiando a los jugadores en pista sin ningún tipo de criterio y siendo incapaz de imponer orden o calma entre sus filas.

Siempre a remolque, el Madrid jugó al acordeón, acercándose y alejándose en el marcador, hasta que el Maccabi fue consciente de que realmente podía ganar el partido y, a base de triples y penetraciones rápidas, hundió al Madrid en la miseria consiguiendo un merecido pase para la final del domingo.



Al equipo blanco sólo le queda el consuelo de que todos los grandes campeones han perdido alguna final antes de alzarse con el triunfo, pero la forma en la que se perdió el viernes puede tener graves consecuencias para moral del equipo de cara a afrontar los inminentes playoffs de la liga ACB. Esperemos que un triunfo ante el Montepaschi sirva para cicatrizar las heridas. Aunque mucho tendrá que cambiar la mentalidad de los blancos para conseguirlo.

martes, 3 de mayo de 2011

Partido de ida de semifinales de la Champions: Real Madrid 0-Barcelona 2



No nos engañemos. Digan lo que digan las crónicas, el gran protagonista del encuentro, para bien y para mal, fue Mourinho. "El puto jefe, el puto amo, el que más sabe del mundo", según palabras de Guardiola, no sólo consiguió que el gentleman por excelencia de la ciudad condal perdiera la mesura y la educación que le caracterizan un día antes del partido de ida de las semifinales de la Champions, sino que volvió a revolucionar los cimientos del fútbol, saliendo a defender en casa un empate a cero que, más que beneficioso para el Madrid, daría una clara ventaja al Barcelona en el partido de vuelta.

No me entiendan mal. Admiro profundamente al portugués. Adoro a las personas políticamente incorrectas y él lo es por los cuatro costados, del derecho y del revés, por arriba y por abajo. Además, ha ganado prácticamente todo lo que se puede ganar en el mundo del fútbol (sólo le faltan la liga española y la italiana) y ha conseguido que el Madrid más perdedor de toda la historia vuelva a alzarse con un título. No obstante, me parece una falta de respeto para el público del Bernabéu plantear un partido como el del pasado miércoles.

El Madrid se encerró a cal y canto en su campo y se limitó a dejar que transcurrieran lentamente los minutos. No es que un empate a cero sea un mal resultado, pero había dos claros problemas en la premisa de partida:

1. Por mucho que te encierres, si Messi tiene el día, como así fue, te cose a goles antes de que puedas decir esta boca es mía.

2. Con un empate a cero en la ida, el Madrid necesitaría como mínimo marcar un gol en el Camp Nou para llegar a la final sin tener que recurrir a los penaltis y todos sabemos que al Madrid le cuesta Dios y ayuda acercarse a la portería del Barça cuando los blaugranas juegan en casa.

Teniendo en cuenta estas dos observaciones, a las que habría que añadir que los merengues que pagan por ver jugar a su equipo lo hacen con la vana esperanza de verlo ganar con el mayor número posible de goles, una semana después sigo sin comprender por qué el Madrid salió a defender a muerte un cero a cero que le ponía muy cuesta arriba la eliminatoria.

Lo más sorprendente del caso es que el Madrid, a pesar del abrumador dominio del Barcelona, consiguió aguantar el resultado hasta la expulsión de Pepe.

Sé que los auténticos campeones nunca se escudan en un mal arbitraje para justificar una derrota y yo no voy a hacerlo. El Madrid perdió porque no atacó, porque se encerró atrás desde el primer segundo, porque careció de la ambición necesaria para ganar, porque fue peor que el Barça y porque Cristiano Ronaldo no es Leo Messi. Todo esto es cierto, notorio y palmario. Tanto como el hecho de que la entrada de Pepe a Alves es amarilla, no roja directa. El juego peligroso es amarilla no roja. Lo de si es falta o no, si Pepe toca o no a Alves no está nada claro.

Dicen los aficionados culés que, en cualquier caso, Pepe se merecía la expulsión por guarro. Puede que tengan razón, pero que yo sepa el Reglamento de la FEF, en caso de juego sucio, sólo contempla la tarjeta amarilla por reiteración de pequeñas faltas y tarjeta roja cuando haya dos amarillas. No es el caso. Y Mourinho, ante la manifiesta injusticia, hizo lo único que podía hacer: denunciar lo intolerable. Le costó la expulsión, ¿y qué? Callarse no era una opción. Aguantar estoicamente los "Así, así, así gana el Madrid" cuando el único que recibe ayudas arbitrales partido tras partido es el Barça no es de recibo.

Con Pepe y Mourinho lejos del césped (más el primero, porque el segundo se limitó a sentarse en las gradas), sólo era cuestión de tiempo que el mago Messi agitara su varita para sacarse dos goles de la chistera, dejando casi sentenciada la eliminatoria.

Tras el partido, el protagonismo siguió perteneciendo al "puto jefe, el puto amo", que siguió ganando la Champions que se juega fuera del terreno de juego. Se puede decir más alto, pero no más claro.

¿Qué veremos dentro de un rato en el Camp Nou? Imagino que un Madrid tan asustado como entregado, dispuesto a afrontar su fatídico destino, y un Barça anhelante de hacer leña del árbol caído. ¿Nos ganarán por cuatro o por cinco? No lo sé, ni me importa. Ahora mismo sólo puedo pensar en que el año pasado Mourinho, al frente del Inter, eliminó al Barça de la Champions en el partido de vuelta de las semifinales que, curiosamente, se jugaba en el Camp Nou. El año pasado el portugués no se limitó a hablar fuera del terreno de juego. Aún mantengo la esperanza de que la historia vuelva a repetirse. Puede que me equivoque. O puede que no.

domingo, 24 de abril de 2011

Final de la Copa del Rey: Real Madrid 1-Barcelona 0 (20-04-2011)


Creo que no hay mejor resumen de lo acontecido en Mestalla el pasado miércoles que el realizado por Mourinho poco después de concluir el encuentro. La primera mitad fue del Madrid, la segunda del Barça y en la prórroga, como suele ocurrir en todas las prórrogas, el primero que marcó acabó llevándose el partido. Poco más se puede decir.
El Madrid volvió a salir al campo sin ningún complejo de inferioridad ni miedo de ningún tipo y con muchas ganas de demostrar que este equipo, a pesar de su juventud e inexperiencia en cuanto a grandes finales se refiere, está más que preparado para empezar a ganar títulos. Esta desmedida ambición se tradujo en un dominio apabullante del equipo blanco durante toda la primera mitad del encuentro. El entrenador luso continuó jugándose el ser o no ser con Pepe en el centro del campo e incorporando a Özil de titular como principal novedad respecto del derbi del sábado anterior. Muchas fueron las ocasiones de peligro que crearon los merengues, pero el gol, al igual que cuatro días antes en el Bernabéu, continuaba siéndoles esquivo.
En la segunda mitad, el cansancio comenzó a hacer mella entre los de Mourinho, que se vio obligado a sustituir antes de tiempo a un agotado Özil. El bajón del equipo blanco fue aprovechado por los culés, que dominaron completamente la segunda mitad hasta el minuto 40, en que el Madrid sacó fuerzas de flaqueza para crear algo de peligro, generando una clarísima ocasión de gol de las botas de Kaká. No obstante, la cosa volvió a acabar en tablas, esta vez sin goles.
Después vino la conjura de los dos eternos rivales, cuyos jugadores hicieron piña alrededor de sus respectivos técnicos, antes del comienzo de la prórroga, para fijar la estrategia de los últimos 30 minutos de partido, mientras algunos futbolistas eran tratados por los fisios para paliar los dolorosos efectos de los calambres propios de estos largos e intensos partidos.
Comenzó la prórroga y el Madrid volvió a recuperar el dominio de la situación, creando más ocasiones que un Barça que ya comenzaba a pensar en quién tiraría los penaltis decisivos. No obstante, el peligro no terminaba de materializarse, hasta que un cabezazo de Cristiano Ronaldo, tras un pase magistral de Di María, casi al final de la primera mitad de la prórroga sentenció el encuentro.

Los de Guardiola, estupefactos ante el inesperado cambio de guión, intentaron revertir la situación en los últimos 15 minutos de partido, creando algunas ocasiones de gol que no consiguieron materializar. Muchas prisas, poco tiempo y la decepción de la primera derrota del equipo de Messi en una final.
¿Fue justa la victoria blanca? Puede que no. La igualdad entre ambos equipos quedó más que patente a lo largo de los 120 minutos de juego; pero, para mi gusto, fueron los blancos los que persiguieron con más ahínco la victoria, conscientes de que se encontraban ante la oportunidad más clara para ganar un título esta temporada, de ahí la enorme alegría con la que los merengues celebraron esta cara victoria.
La decepción de los culés, por el contrario, fue mayúscula. Demasiado acostumbrados a la victoria en los últimos tiempos, sus caras reflejaban la desolación más total y absoluta, especialmente en el caso del endiosado Guardiola.

Pero la vida sigue y los calendarios de las diferentes competiciones deportivas no se alteran, por lo que el tiempo para llorar la derrota o celebrar la victoria es mínimo y el próximo miércoles los dos equipos más importantes de este país volverán a verse las caras en un fratricida duelo europeo para decidir cuál de los dos tiene más derecho a estar en la final de la Champions, si el campeón de Copa o el casi seguro campeón de liga.
Esperemos que si los blancos vuelven a alzarse con otro título, Sergio Ramos no lo tire de nuevo por la borda.

miércoles, 20 de abril de 2011

Real Madrid 1-Barcelona 1 (16 de abril de 2011)



He de reconocer que no tenía ninguna fe en que el Madrid fuera capaz de plantarle cara al todopoderoso Barça de Guardiola. La sombra del ridículo del 5-0 en el Camp Nou era alargada y nada indicaba que la historia fuera a ser diferente en casa. Afortunadamente, me equivocaba.
Por primera vez en los últimos cinco años, los jugadores del Madrid saltaron al terreno de juego sin miedo ni complejos de ningún tipo. Convencidos, por fin, de que la mejor defensa es un buen ataque, no se encerraron atrás, sino que adelantaron las líneas y durante una impecable primera mitad anularon completamente al equipo culé. Desgraciadamente, el gol no estaba de parte de los blancos.
En los segundos 45 minutos del encuentro la historia fue muy distinta. Todo lo logrado hasta el momento se vino abajo con un penalti de libro sobre Villa en el minuto 52, con la correspondiente merecida expulsión de Albiol (que encima se perderá la final de Copa), lo que dejó al Madrid con 10 jugadores y por debajo en el marcador después de que Messi, como era de esperar, marcara el penalti.

Aún así, el Madrid no bajó los brazos y continuó peleando hasta el final. Ya con las líneas más retrasadas y con mayores dificultades para llegar hasta la portería azulgrana, el equipo blanco mantuvo el tipo y no dejó demasiadas opciones a un Barça bastante espeso y falto de ideas. Sin el rugir de su público, el equipo de Guardiola pareció conformarse en todo momento con una victoria por la mínima, descartando la posibilidad de una nueva humillación al eterno rival y conformándose con atacar lo justo y necesario para mantener encerrado atrás al equipo de Mourinho.
La falta de ambición de los culés se tradujo en un pequeño adelantamiento de las líneas merengues, que acabó desembocando en el penalti de Alves sobre Marcelo en el minuto 81. Cristiano no perdió la ocasión y consiguió empatar un partido que ya parecía claramente perdido.

Aún así, no quedaba tiempo para mucho más y el Barça seguía superando en número al Real Madrid, después de que Muñiz Fernández no se atreviera a expulsar a Alves, no fuera a ser que los blancos acabaran llevándose el gato al agua y amenazaran el plácido camino hacia un nuevo título de liga para los azulgranas.
Efectivamente, no hubo tiempo para mucho más y el partido terminó con unas tablas que acercan al Barça a un nuevo título liguero y perpetúan la sequía de trofeos en la que el Madrid se halla sumido en los últimos años.
Dicen los medios que, aún así, el empate supone una inyección de moral para los de Mourinho; que, por primera vez en mucho tiempo, no fueron aplastados por el galáctico Barça. También dicen las malas leguas que nada de lo que vimos el sábado es indicativo de lo que veremos esta noche en Valencia, pues ambos equipos saben que en la liga todo el pescado está vendido y que es en la Copa y en la Champions donde se juegan las habichuelas. Yo sigo pensando que la inyección de moral de los merengues es previa al 16 de abril y procede directamente de la posibilidad de ganar dos títulos esta temporada si, por primera vez, los blancos consiguen imponerse al equipo de la ciudad Condal. Dicen que para lograrlo Cristiano tendrá que demostrar que puede ser más decisivo que Messi, lo que se me antoja harto imposible.

Otros dicen que es Mourinho el que deberá demostrar que es más listo que Guardiola, ideando un planteamiento táctico más brillante que el del catalán.

Yo creo que es una cuestión de motivación, fe y ambición y que no ganará el mejor ni el más inteligente, sino quien más luche y crea en la victoria.
En cualquier caso, sólo faltan unas horas para ver si los cohetes suenan en Cibeles o en Canaletas.

martes, 15 de marzo de 2011

¿La dimisión de Messina?




Que Messina nunca fue santo de mi devoción es algo notorio y palmario. Bueno, miento. En un primer momento, nada más anunciarse su fichaje por el Real Madrid de baloncesto, mi entusiasmo y optimismo se dispararon hasta el infinito y más allá. El palmarés del italiano lo avalaba como la gran esperanza del madridismo y sus acertadas declaraciones tras los primeros encuentros pronto me convirtieron en su fan más incondicional.

Desgraciadamente, mis simpatías pueden llegar a ser excesivamente volubles y no tardé demasiado en darme cuenta de que algo olía a podrido en Dinamarca. No fueron sólo las debacles frente al omnipotente Barça, ni la ausencia no ya de títulos, sino hasta de finales. En realidad, lo que me hizo desconfiar del celebérrimo Ettore fue su incapacidad para manejar el tempo de los partidos y adaptarse a los cambios de guión, su persistencia en no pedir tiempo muerto hasta que el abismo en el marcador se hubiera convertido en insalvable, las ruletas rusas de cambios sin orden ni concierto y, sobre todo, la destrucción moral de los jugadores más aguerridos a base de miradas asesinas y castigos en forma de encadenamientos al banquillo.

Luego vinieron los balones fuera (éste es un equipo de futuro al que no se le pueden exigir títulos a corto plazo, etc, etc) y los comentarios chulescos a la prensa. Se había fichado poco, pero bien. El equipo estaba realizando una gran temporada, pero seguía siendo irregular y arrodillándose ante el Barça. Entonces llegó la Copa del Rey y, por primera vez en lo que va de campaña, la cosa cambió. El equipo blanco no sólo llegó a la final, sino que fue capaz de plantarle cara a los culés, tirando de casta y amor propio y de una fe perdida hace mucho tiempo. No obstante, el resultado fue el de siempre. Otra oportunidad perdida. Otro rosco en el palmarés merengue. La perpetuación de la maldición copera. Sergio Rodríguez no se quedó para ver la celebración de su derrota. Carlos Suárez a punto estuvo de esconder su rabia en el vestuario antes de lo considerado como políticamente correcto. Sus cabreos me hicieron más soportable el amargo momento. Comenzaba a atisbar cierta luz al final del túnel.

Sin embargo, otra fue la historia que sobrevino. Derrota ante el Power Electronics en Valencia, después ante el Blancos de Rueda en Valladolid y, para rematar la faena, humillación en casa ante el Montepaschi. Todo ello con Garbajosa apartado del equipo para fichar a Begic y, después, anclar al esloveno al banquillo, bien acompañado por Vidal y Velickovic, entre otros damnificados.

Quien quiera un análisis pormenorizado de las razones que llevaron a Messina a dimitir puede consultar este interesante artículo . Las explicaciones de Ettore fueron pobres e incoherentes, llenas de mentiras que ocultaban una única verdad: el divorcio total y absoluto entre los jugadores blancos y el entrenador italiano.



Manel Comas dijo en la retransmisión del partido ante el Joventut que había sido muy honesto por parte de Messina reconocer que era incapaz de sacar al equipo adelante y renunciar a lo que le restaba de contrato con la esperanza de que otro, en este caso, su segundo de a bordo, fuera capaz de llevar a los merengues a buen puerto. Supongo que toda dimisión es honesta, pero cuando se disfraza de dimisión lo que no es más que una rebelión del vestuario, apoyada por la dirección deportiva (léase Valdano, Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros) la honestidad deja paso a la cobardía del capitán que abandona el barco antes de que éste termine de hundirse y, sobre todo, antes de que los amotinados le corten la cabeza y la ensarten en el mástil más cercano.

Por supuesto, un ególatra como el italiano no pudo irse por la puerta de atrás y sin hacer ruido. Decidió convertirse en una víctima de la indeseable prensa española y en un mártir que se inmola para salvar a sus discípulos. Ésos a los que tantas veces había abroncado, despreciado, castigado, humillado y fulminado con la mirada. Ésos a los que, según cuentan las malas lenguas, mandó a tomar por culo justo antes de anunciar su dimisión.

Lo siento, pero no cuela. No hubo nada noble en la salida de Ettore, por muy agradecidos que nos sintamos los madridistas. Y es que no debemos de olvidar que fueron los jugadores los que nos libraron del yugo del dictador italiano. A veces, las revoluciones triunfan e instauran un orden más justo. Otro italiano ocupa ahora el banquillo, pero no son italianos los que mandan en la cancha ni fuera de ella. Veamos si son capaces de autogobernarse.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: la final: Real Madrid 60-Regal FC Barcelona 68


Todo equipo campeón tiene que pagar el precio de perder varias finales antes de empezar a ganarlas. Sólo hay que fijarse en todos los batacazos de nuestra extraordinaria y casi irrepetible selección española de baloncesto antes de conseguir alzarse con su primer título. Esto es en lo único en lo que puedo pensar tras la derrota 60-68 del Real Madrid ante el Barcelona. No es la primera vez (y, desgraciadamente, puede que no sea la última) que los merengues pierden con los blaugranas, pero lo que ocurrió el domingo fue muy diferente de lo acaecido en anteriores ocasiones.
En la final de la Copa del Rey, por primera vez en mucho tiempo, el equipo blanco no salió agarrotado, ni muerto de miedo, ni con ningún complejo de inferioridad, sino que los de Messina saltaron a la pista decididos a plantarle cara a su eterno rival, liderados por un inspiradísimo Tomic y teniendo muy claro que esta clase de partidos se ganan desde la defensa y no desde el ataque, consiguiendo terminar la primera mitad con un más que prometedor empate.
Desgraciadamente para todos los aficionados madridistas, en el tercer cuarto y en el principio del último período se echó por tierra todo lo conseguido hasta ese momento. La relajación defensiva de los de la capital, unida a un desastroso Sergio Llull, permitieron que los blaugranas adquirieran una mínima ventaja que conservaron hasta el final. No obstante, hubo un conato de remontada en los últimos minutos, pero ya era demasiado tarde para ganar un trofeo que se le sigue resistiendo a los blancos.
Sí, se perdió, pero el sabor de la derrota no es tan amargo como en ocasiones precedentes. El equipo luchó y demostró que, en un par de años, los de la capital pueden ser los nuevos dominadores de la liga. Por supuesto, me equivoqué. No hubo duelo Suárez-Navarro. Aunque Carlos fue el mejor de su equipo, con 18 puntos de valoración, el de Aranjuez no estuvo tan brillante como en otras ocasiones y, sobre todo, no consiguió convencer a sus compañeros de que la remontada aún era posible. Lo de Navarro ya es harina de otro costal. Desde las finales de la ACB del año pasado no veía un partido tan penoso del de Sant Feliu. Su -1 de valoración lo dice todo. Y puede que por eso duela aún más la oportunidad perdida. Y es que no todos los días se toma vacaciones el mejor jugador de uno de los mejores equipos de Europa.
Sí, los blancos estuvieron cerca, muy cerca y dudo mucho que la próxima vez que se crucen en el camino del Barça vuelvan a encontrarse con un Navarro tan desastroso; pero no es en eso en lo que tienen que concentrarse los blancos, sino en que si esta vez han estado tan cerca, dentro de unos meses, con un mayor rodaje y conocimiento del juego propio y del de los compañeros, es casi seguro que podrán lograrlo. Como digo, la derrota escuece, pero también sirve para aprender y mejorar. Además, aunque Navarro fue una rémora para su equipo, Anderson y Sada decidieron tomar las riendas y cuajaron un encuentro excepcionalmente bueno, siendo los principales artífices de la victoria blaugrana.

A los madridistas nos queda el consuelo de saber que tenemos un equipo muy joven y con mucha vida deportiva por delante y que, con un poco de fe y el trabajo que se está realizando, los títulos no tardarán mucho en llegar, a pesar de que poco le importe el baloncesto a don Florentino Pérez, más interesado en su móvil y en su reloj que en lo que sucedía en la pista del Palacio de los Deportes. Simplemente vergonzoso y, a la vez, indicativo de por qué no se dedican más recursos económicos y humanos a la sección de baloncesto.
A pesar de ello, con el liderazgo y hambre de títulos de Carlos Suárez, la extraordinaria versatilidad y sangre fría de Mirotic, la cada vez más eficaz electricidad de Sergio Rodríguez, la sorprendente recuperación de Prigioni, la altura y el creciente dominio bajo los tableros de Tomic y los siempre baluartes, a pesar de su bajo estado de forma en los últimos encuentros, Sergio Llull y Felipe Reyes, amén de la colaboración de los demás miembros de la plantilla blanca, considero que, en breve, el cielo es el límite. Mientras, habrá que seguir aplaudiendo el buen hacer de Xavi Pascual.
Afortunadamente, los jugadores lo tienen claro. "Hemos competido y defendido muy bien. Nos habría gustado ganar, era importante, pero hemos competido hasta el final y esto nos tiene que ayudar. No es de la forma que hemos perdido anteriormente, pero esto no vale, estamos para ganar y todos queremos ganar y ese es el único objetivo claro que hay", declaró un Sergio Rodríguez, que no quiso quedarse a ver cómo levantaban la copa los blaugranas. Por su parte, Suárez considera que "ahora hay que analizar lo que hemos hecho mal, pero lo que está claro es que hemos competido y que este partido ha sido distinto a los anteriores. Esperemos que a final de temporada estemos en otra situación. Ningún equipo es invencible, claro que se puede ganar, pero estamos hablando del mejor equipo de Europa, nosotros somos un equipo joven, mucho más joven que ellos y para muchos de nosotros era nuestra primera final y hemos aprendido mucho para otras". Me muero de ganas por ver qué ocurre en junio.

lunes, 14 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: sábado 12 de febrero



Aunque con un poco de retraso y ya sin ninguna posibilidad de que el análisis de lo que ocurrió el sábado sirva para predecir lo que sucedería el domingo, ahí va mi pequeña crónica de las semifinales de la Copa del Rey de baloncesto:

- Real Madrid 69-Power Electronics Valencia 59: El Valencia sorprendió desde el pitido inicial al ser capaz de ofrecer un partido muy completo, tanto en ataque como en defensa, lo que le permitió liderar el marcador durante los tres primeros cuartos del encuentro. Aún así, se cumplió mi mayor temor y Víctor Claver volvió a ser una tenue sombra de sí mismo. Con un mísero 3 de valoración, un 0/4 en triples, un 1/2 en tiros libres y un par de estupidísimas pérdidas de balón, el valenciano volvió a demostrar su infinita capacidad para cagarla en las grandes ocasiones. Muy lejos quedaba su 32 de valoración del jueves y si el equipo taronja aplastó al Madrid durante más del 75% del partido desde luego no fue gracias a la contribución de su supuesto líder. No obstante, el Real Madrid acabó demostrando que un mayor presupuesto, a veces, es sinónimo de una mayor calidad baloncestística y es que los de blanco no necesitaron esforzarse demasiado para darle la vuelta al marcador y terminar ganando por 10 puntos, después de haber llegado a perder por 13. Los artífices del pequeño milagro fueron los tres grandes magos de Messina en esta Copa: Suárez, Mirotic y Rodríguez. Los dos primeros, con su 17 y 18 de valoración, respectivamente, volvieron a demostrar su extraordinario estado de forma, amén de una sangre fría impropia de su juventud y falta de experiencia en un grande de la liga. El tercero, a pesar de su paupérrimo 1 de valoración, contagió, una vez más, a sus compañeros de la electricidad de su juego, contribuyendo, en gran medida, a crear un clima anímico propicio a la remontada. A pesar de ello, me sigo quedando con el partidazo de Suárez y con ese momentazo en el que, a falta de unos cuatro minutos para el pitido final, se dirige hacia los aficionados merengues de la grada levantando los brazos hasta lograr una sonora ovación de apoyo al equipo. Esa furia, esa rabia, ese afán competitivo, ese coraje, ese hambre de títulos y esa valentía no se veían por Madrid desde los mejores tiempos de Sergio Llull, hace ya algunos meses. Por eso sigo pensando que el regreso de los blancos a la élite del baloncesto europeo pasa necesaria y casi exclusivamente por el de Aranjuez. Lástima que aún no haya terminado de llegar su clímax.

- Regal FC Barcelona 92-Caja Laboral 73: El que no necesitó despeinarse lo más mínimo fue el Barcelona. Ya en el primer cuarto dejaron muy claras sus intenciones y aplastaron sin ningún tipo de piedad al último equipo capaz de arrebatarles un título. No obstante, el inmenso amor propio del Caja Laboral, unido a una intensa defensa y un mayor acierto en triples, consiguió reducir al mínimo la diferencia y mantener a los vascos pegados a los culés durante el segundo cuarto y el principio del tercero. Después de eso, el mayor presupuesto volvió a comerse al menos dotado económicamente, volviendo a demostrar que, a veces, los euros sí garantizan el éxito deportivo. Aunque si de algo valió este partido fue para engrandecer un poco más la leyenda de ese pequeño gran hombre llamado Juan Carlos Navarro. El de Sant Feliu volvió a demostrar que ha nacido para ser uno de los grandes de todos los tiempos y, con un 26 de valoración, ejerció plenamente su liderazgo, dirigiendo con sumo acierto a sus compañeros y contagiándoles parte de su magia. Triples imposibles, bombas imparables y una envidiable capacidad de resolución volvieron a hacer a Juan Carlos merecedor de los gritos de "MVP, MVP" que corearon los aficionados al final del encuentro. Poco importa lo que después ocurrió en la final. Puede que sin este partidazo del escolta blaugrana la historia hubiera sido muy distinta. Muy destacable fue también el papel de un cada vez más rodado y lleno de confianza Anderson, que con un 20 de valoración se convirtió en el segundo mejor jugador de su equipo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: la previa a la final



Y, a falta de una diminuta crónica de lo que ocurrió el sábado en el Palacio de los Deportes de Madrid, creo que merece la pena echar un vistazo a lo que ocurrirá allí dentro de un rato.

Todos están convencidos de que el Barça revalidará el título tras humillar nuevamente al Real Madrid y es muy probable que las malas lenguas tengan razón. Sigo pensando que Messina es incapaz de conseguir mentalizar a sus jugadores para que salgan a la cancha sin ningún tipo de miedo escénico ni complejo de inferioridad. Es más, es muy probable que el italiano sea el principal culpable de la falta de confianza de los merengues y es que no debe resultar nada fácil jugar sabiendo que si ganas es mérito del entrenador y que si pierdes es culpa tuya. Si a las miradas asesinas y despreciativas que Ettore regala a sus jugadores en cada tiempo muerto le unimos la errática e incoherente sucesión de cambios que realiza a lo largo de cada partido, el resultado es que los 12 jugadores blancos no sólo no tienen ni idea de cuál es su papel en el equipo, sino que, además, no saben a qué tienen que jugar. No obstante, la calidad de los merengues es indiscutible y, a lo largo de la temporada, nos han brindado algunos minutos de juego realmente magistrales.

Aunque no creo que nada de esto tenga demasiada importancia esta tarde, porque lo único relevante cuando suene el pitido inicial es lo que hagan Juan Carlos Navarro y Carlos Suárez. El primero ha demostrado en millones de ocasiones su fiabilidad en los momentos más críticos y, sobre todo, su capacidad para ganar él solo un partido, por muy cuesta arriba que se haya puesto. Así que la gran incógnita es qué hará el segundo.

En el enfrentamiento de diciembre, Carlos no es que desapareciera de la pista, es que nunca llegó a aterrizar en la misma, ofreciéndonos uno de sus peores partidos desde que comenzó a vestir la camiseta blanca. Algunos consideran que esto es un claro síntoma de que Suárez aún no está capacitado para liderar a un equipo tan grande como el Real Madrid y puede que tengan razón, pero en lo que llevamos de Copa no es eso lo que yo he visto, sino a un jugador lleno de confianza en sí mismo, hambriento de títulos y con el coraje necesario para luchar por lograr su sueño.

Y es que no debemos olvidar que el de Aranjuez salió del Estudiantes porque en el equipo del Ramiro de Maeztu sus posibilidades de ganar un título eran prácticamente nulas. Podía haberse ido al Barça; pero, según sus propias declaraciones, siempre había sido simpatizante del Real Madrid y quería continuar viviendo en la capital. Así que Carlos aterriza en un Real Madrid venido a menos y acostumbrado a ser vapuleado por el Barça con demasiada frecuencia. Aún así, los blancos, a pesar de su irregular juego y gracias a algunas victorias agónicas, lideran la clasificación de la ACB empatados con el club blaugrana. No obstante, todo el mundo sabe que el Barça es mucho Barça y que será muy difícil que se les vuelva a escapar el título en una final a cinco partidos; por lo que, a día de hoy, la mejor y más segura oportunidad de que los merengues ganen un título es la Copa del Rey.

Estoy segura de que Carlos es consciente de ello y de que saldrá a la pista a dejarse la piel para conseguir levantar su primer trofeo y puede que también su primer MVP. Para ello, tendrá que vérselas con Navarro y demostrar que, a día de hoy, Carlos Suárez ha dejado de ser un proyecto de estrella para convertirse en una realidad. Calidad tiene de sobra, sólo le falta la mentalidad, pero estoy convencida de que ya la ha adquirido.

Así que, señoras y señores, prepárense para ver un vibrante duelo Madrid-Barça o, lo que es lo mismo, Carlos Suárez-Juan Carlos Navarro. No ganará el mejor, sino el que tenga más sed de victoria y estoy convencida de que ése es el que va para mejor triplista de la liga. En un rato veremos si tengo razón o no.

Copa del Rey 2011: viernes 11 de febrero



Y, con un pelín de retraso, ahí va mi pequeña crónica de la segunda jornada copera:

- Caja Laboral 76-Bizkaia Bilbao Basket 74: Sin duda, el mejor partido de cuartos de final, baloncesto en estado puro y emoción constante hasta el último segundo del encuentro. Los de Vitoria se empeñaron en demostrar su superioridad desde el pitido inicial y, liderados por un magistral Marcelinho Huertas, realizaron una gran primera parte, logrando una cómoda ventaja sobre sus vecinos. No obstante, los de Bilbao no se conformaron con su fácilmente predecible derrota y, a base de triples estratosféricos del inspiradísimo Vasileiadis, remontaron la desventaja inicial y llegaron al final del encuentro con claras posibilidades de llevarse la victoria. Sin embargo, el griego no estuvo tan acertado en los dos últimos y decisivos minutos, fallando dos triples que, junto a dos grandes penetraciones a canasta de Huertas, supusieron la derrota definitiva de los de negro. Aún así, los de Bilbao pueden volver a casa con la cabeza bien alta, pues lucharon hasta el final y pusieron en serios aprietos al vigente campeón de la liga ACB. En cuanto a Vasileiadis, siempre le quedará el consuelo de sus 31 puntos y 26 de valoración, amén de su triplazo para enmarcar desde su propio campo. Como digo, baloncesto en estado puro, al borde de la taquicardia y para morderse todas las uñas y parte de los dedos. En definitiva, la Copa del Rey en su mejor versión. Un diez para los dos equipos vascos.

- Regal FC Barcelona 86-DKV Joventut 66: Mucha menos historia tuvo el segundo encuentro del viernes. El Barça volvió a demostrar que no necesita jugar especialmente bien para ganar de 20 a la mayor parte de sus rivales. Es cierto que el Joventut consiguió acercarse peligrosamente a los blaugranas en un par de ocasiones, llegando a liderar el marcador durante un par de minutos del primer cuarto; pero, en cuanto los de la ciudad condal se pusieron serios y pisaron ligeramente el acelerador, dejó de haber partido y los de Badalona se vieron obligados a aceptar su más que evidente derrota. Las lesiones y la juventud de los jugadores verdinegros fueron un lastre demasiado pesado y los de Pascual ni siquiera necesitaron de la magia de Navarro, muy gris a lo largo de todo el encuentro, para pasar cómodamente a semifinales. El mejor del partido fue un sorprendente Boniface Ndong, que con sus mates y rebotes terminó de firmar la sentencia de muerte del Joventut. Como digo, un partido sin demasiada historia, en el que sus protagonistas se limitaron a leer el guión que cualquier periodista deportivo con un par de dedos de frente habría podido escribir con más de un mes de antelación.

viernes, 11 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: jueves 10 de febrero



Y, por fin, comenzó la Copa, sin demasiadas sorpresas, aunque con algunos apuntes más que interesantes:

- Blancos de Rueda Valladolid 60-Power Electronics Valencia 83: Supongo que es lo que todo el mundo esperaba, pero yo estaba convencida de que los vallisoletanos se hallaban más que capacitados para dar la gran campanada. Desgraciadamente para los de Pucela, el sueño copero sólo les duró un cuarto. Su planteamiento del partido fue serio y comprometido, pero Víctor Claver decidió coger el toro por los cuernos y convertirse en el líder que el equipo naranja necesita desde hace años. 19 puntos en media hora escasa, con un 71% en tiros de 2 y un 50% en tiros de 3, más un 32 de valoración son razón más que suficiente para pensar que los levantinos no se irán a casa antes del domingo. El problema es que ahora tienen que enfrentarse a un Real Madrid más que hambriento de títulos y liderado por un Carlos Suárez que podría llegar a robarle a Claver su precario puesto en la selección española de baloncesto. Si tengo que apostar por alguien, me quedo con el de Aranjuez, no por nada, sino porque siempre que le he visto jugar contra un grande cuando militaba en las filas del Estudiantes se ha crecido hasta el infinito y más allá, mientras que a Víctor sólo le he visto brillar ante equipos de segunda o tercera fila. También es cierto que Claver tiene sólo 22 años y Carlos va ya para 25, pero ¿se trata sólo de una cuestión de madurez deportiva o es el espíritu ganador algo innato imposible de aprender? Yo me inclino más por la segunda opción.

- Real Madrid 78-Gran Canaria 2014 72: Una vez más, se cumplió el guión y Goliat aplastó a David sin necesidad de utilizar toda la palma de la mano. Los de amarillo nos brindaron una primera parte más que prometedora, pero la apisonadora blanca comenzó a pasarles por encima en cuanto cambiaron de primera a segunda marcha. Como siempre, uno de los mejores de los de Messina fue Carlos Suárez, con un 18 de valoración gracias a su 67% en triples y 100% en tiros libres, a pesar de su 25% en tiros de 2. También fue el máximo reboteador del equipo, ejerciendo en todo momento de líder, tanto en defensa como en ataque. Aún así, el chico sigue con los pies en el suelo y afirma que “Ni por asomo pienso ahora en la posibilidad de ser MVP. Sólo pienso en poder jugar la final el domingo y ganar. Ahora no pienso en eso, porque además hay un claro favorito Juan Carlos Navarro, aunque yo espero que no sea él, porque eso significaría que a lo mejor ha ganado el Real Madrid”. Muy notable fue también el encuentro de un cada vez más entonado Sergio Llull, con dos triples encestados en el momento más oportuno para ello; aunque la auténtica sorpresa fue Sergio Rodríguez, que terminó de decantar la balanza del lado de los de la capital, dinamitando el encuentro en el último cuarto con sus precisas y decididas penetraciones a canasta. Mirotic, en su línea, también se empeñó en dejar patente que el primer equipo no le queda grande y que es uno de los jugadores más versátiles de los últimos tiempos. Muy interesante puede llegar a ser también la aportación de Tomic, esta vez muy activo bajo los tableros, si bien es cierto que muy distinta será la cosa cuando tenga que lidiar con alguna de las torres culés. En definitiva, el Real Madrid está más que capacitado para llegar a la final, pero si el Power Electronics pone toda la carne en el asador y espera a que el club merengue comience a titubear puede que los de Claver no estén tan lejos de la final.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Premios Laureus

Cada vez creo menos en los premios. La enorme subjetividad que los acompaña suele suponer que los premiados nunca coincidan con mis favoritos. Aunque, de vez en cuando, existen algunas excepciones. No sabría decir si Rafa Nadal ha sido el mejor deportista masculino de este año, pero no me cabe duda de que es uno de los grandes de todos los tiempos. Lo de la selección española de fútbol imagino que también resulta bastante justo. Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que el esfuerzo del gigantesco Rossi por superar su gravísima lesión y no tirar por la borda toda la temporada, reapareciendo en un tiempo récord y logrando resultados más que dignos e incluso alguna victoria, a pesar del permanente dolor en su hombro y en su pierna, merece el mayor de los reconocimientos, pues son pocos los deportistas con el coraje, el valor, la fortaleza física y psíquica y la sed de triunfo que se necesitan para ello. Un 11 para Valentino y un 10 para los Laureus por saber reconocerlo.

lunes, 7 de febrero de 2011

La previa de la Copa del Rey 2011



Ya sólo faltan tres días para que empiece el espectáculo y, aunque la situación continúa siendo muy incierta, la última jornada de la ACB puede arrojarnos algo de luz sobre el estado de forma en que se encuentran los ocho mejores equipos de la primera vuelta.

- El Blancos de Rueda Valladolid sigue sorprendiendo a propios y extraños y, en lugar de bajar puestos en la clasificación, trepa uno más para situarse como tercer mejor equipo de la liga, por delante del siempre poderoso Caja Laboral. Su resultado más reciente es una paliza de 26 puntos al Asignia Manresa, lo que unido a la recientísima derrota del Power Electronics, me inclina a pensar que mucho se tienen que torcer las cosas para que los vallisoletanos caigan eliminados a las primeras de cambio.

- Efectivamente, el Power Electronics Valencia pierde con el todopoderoso Barcelona y demuestra, una vez más, que carece de un líder con la personalidad suficiente como para echarse el equipo a las espaldas y contagiar a sus compañeros la fe en la victoria más imposible. Víctor Claver continúa siendo el eterno proyecto de estrella rutilante, que nunca brilla en los partidos complicados, aunque sí en los de mero trámite. Por su parte Rafa Martínez parece más capaz de ganar un partido con un triple en el último segundo que de lograr la victoria a lo largo de todo un encuentro. ¿Caerán el jueves o lograrán sobrevivir hasta el sábado? Sospecho que hay más probabilidades de lo primero que de lo segundo, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que para verlos en la final del domingo debe producirse una extraña conjunción planetaria proclive a los milagros más fabulosos.

- Por su parte, el Real Madrid continúa invicto en casa y gana al siempre correoso Bizkaia Bilbao Basket. Como dice Carlos Suárez, "estamos en un gran momento, llevamos todo enero y parte de febrero sin perder ningún partido. Hemos tenido victorias importantes como ante el Sienna en la Euroliga, llegamos a la Copa en un buena racha y esperemos que siga así", pero los 17 años de sequía en la competición del todo o nada unidos a la "barçafobia" pueden pesar como una losa sobre los hombros de los de Messina, mermando notablemente sus posibilidades de alzarse con uno de los trofeos más deseados. Si las cosas no se les tuercen demasiado imagino que llegarán a la final. Una vez allí, todo depende de a quién tengan enfrente y de si sus ansias de victoria son capaces de superar al miedo escénico que les invade cada vez que se cruzan con los blaugranas.

- El Gran Canaria 2.014 sigue haciendo honor a su fama de matagigantes y vence por dos puntos al Caja Laboral, afrontando la Copa del Rey con una moral a prueba de bombas, a pesar de haber abandonado el TOP 8 de la ACB. ¿Lograrán cargarse a un Real Madrid que juega en casa y con un mecanismo cada vez más engrasado o tendrán que conformarse con el inmenso honor de estar allí? No tardaremos mucho en averiguarlo.

- La otra cara de la moneda es el Caja Laboral, que llega con el escozor de una derrota en Canarias y la vergüenza de haber sido superados por el Valladolid en la clasificación general. Aún así, la motivación de comenzar con un derbi puede conseguir que se olviden pronto de sus males más recientes y pongan toda la carne en el asador para lograr, al menos, ser reconocidos como el mejor equipo del País Vasco. Creo que están más que capacitados para lograrlo, aunque dudo mucho que los vigentes campeones de la ACB consigan llegar más lejos. La sombra de Splitter es alargada y ganar títulos sin un sustituto del brasileño se me antoja harto difícil.

- Por su parte, el Bizkaia Bilbao Basket acaba de perder con el Real Madrid y continúa por debajo del Caja Laboral en la general, por lo que nada apunta a un posible triunfo inicial de los bilbaínos; pero cosas más raras se han visto, especialmente en la competición del KO.

- En cuanto al Barça, qué se puede decir que no se haya dicho ya. Continúan liderando la clasificación, ganaron de paliza al Real Madrid en la primera vuelta y acaban de derrotar al Valencia. Mucho se le tendrían que torcer las cosas para que los verdinegros fueran capaces de llevarse el derbi y creo que sólo el Caja Laboral o el Real Madrid podrían evitar que vuelvan a alzarse con el trofeo de su majestad. Es más, me atrevería a afirmar que actualmente no existe equipo capaz de ganarles, por mucho que ellos sean capaces de perder. No sé si me explico. Aunque los merengues siempre podemos cruzar los dedos y rezar para que este viernes volvamos a ver un triple de Rafa Martínez en el último segundo. Ya pasó una vez. Es difícil que vuelva a repetirse; pero, una vez más, todo es posible.

- Y, por último, el DKV Joventut viene de perder en casa con el Estudiantes, derrota que puede haberles afectado, aunque no creo que mucho más que la mala suerte de enfrentarse al Barcelona en la primera jornada. De nuevo, todo puede pasar; pero, para mí, una victoria de los de Badalona sería la mayor sorpresa del mundo. Y es que, como ya dije en otra ocasión, desde que la triple erre se disolvió corren tiempos difíciles para la hermana pobre de la ciudad condal.

Como digo, sólo faltan tres días para que empiece el espectáculo y, hasta entonces, se admiten todo tipo de apuestas.

sábado, 5 de febrero de 2011

Algunos apuntes baloncestísticos



Hace unos días leí esta entrevista. No es que sea especialmente interesante, pero contiene tres afirmaciones dignas de ser destacadas:

1-El fútbol en este país "es el deporte rey y es mucho más fácil jugar al fútbol, porque con dos piedras haces una portería, que al baloncesto para el que necesitas una canasta". Triste, pero cierto. Con una pizca de imaginación, se puede jugar al fútbol en cualquier sitio y de cualquier forma. Lo del básquet ya es más complicado y no sólo porque una canasta no se improvise fácilmente, sino porque son pocos los lugares con canastas donde se pueda jugar al baloncesto. Pongamos como ejemplo mi colegio, dotado con un patio con canastas y porterías. ¿Y cuál era el resultado? La potencial cancha de baloncesto era utilizada única y exclusivamente como campo de fútbol tarde tras tarde. Si querías jugar al baloncesto tenías que buscarte otro sitio, pero ¿cuál? Los escasos polideportivos linarenses o no tenían canchas de baloncesto o las tenían permanentemente ocupadas con chavales jugando al fútbol o con los entrenamientos de equipos de baloncesto más o menos oficiales. Pero, ¿y si querías echarte un partidillo con los amigos una tarde cualquiera sin ningún tipo de pretensión profesional? No podías. Simple y llanamente. Era imposible. O te apuntabas a un equipo y te comprometías a entrenar según sus horarios y a jugar los partidos correspondientes o te conformabas con botar el balón en cualquier parte sin posibilidad alguna de comprobar tus habilidades a la hora de encestar. Un asco. Y lo más triste de todo es que, a pesar de los éxitos de nuestra increíble selección de baloncesto, la situación no ha cambiado. Los críos sueñan con ser futbolistas, nunca baloncestistas. Y no me extraña. Los astros de la liga BBVA ganan millones y millones de las antiguas pesetas, acaparan todas las portadas de los periódicos deportivos y de las revistas del corazón y tienen novias de bandera. ¿Y qué les queda a los jugadores de la ACB? Un sueldo que muchos envidiamos profundamente, pero que sigue a años luz del de Messi o Cristiano Ronaldo, una o dos portadas al año y novias que no se sabe si están buenas o no, porque nunca salen en las revistas del corazón. Aunque supongo que eso no es lo más importante, sino el hecho de que difícilmente puedes aspirar a dedicarte a algo que no tienes forma de comprobar si se te da bien. Sí, te puedes apuntar a un equipo y ver qué pasa, pero no existe ese concepto estadounidense de chaval de barrio sin recursos que mata sus tardes vacías de sentido con vibrantes unos contra unos, mates dignos del All Star y triples estratosféricos. En España nadie te descubrirá en una cancha callejera, porque no las hay. Tienes que decidir que quieres dedicarte a esto, buscarte un equipo y luego ver si vales o no vales. No hay jugadores autodidactas, porque pocos son los sitios donde puedes jugar a ser Michael Jordan sin la supervisión de un entrenador y sin gastarte toda tu paga semanal al alquilar la cancha. Y, aún así, tenemos a algunos de los mejores jugadores de baloncesto del mundo. Chavales a los que no les importa perder media tarde en desplazarse desde su casa hasta el lugar en el que juega su equipo. Tíos tan enamorados de este deporte como para no quejarse del segundo plano que ocupan siempre dentro de la actualidad deportiva de este ignorante país. Sí, de vez en cuando, aparece un Pau Gasol que consigue superar el interés mediático despertado por el último balón de oro; pero, desgraciadamente, el resto de estrellas de la ACB tienen que contentarse con una fama limitada y directamente proporcional al número de campañas publicitarias que hayan protagonizado en los últimos meses. Mientras cualquier escolar se sabe de corrido la alineación titular del Barça o del Madrid, pocos son los que pueden citar a los miembros del quinteto titular de sus homólogos baloncestísticos. Aunque supongo que está bien así. Es normal que se potencie el fútbol. Al fin y al cabo, el baloncesto se ve mejor en casa que tomando cervezas en un bar con los amigos. Pan y circo, señores, que unas masas con encefalograma plano siempre han sido más fáciles de manejar.

2-"Siempre había sido simpatizante del Madrid. Le debo mucho a Estudiantes, soy un poco demente y ahora mismo es mi segundo equipo pero decidí decir 'no' al Barcelona porque el Real Madrid es el equipo más laureado de Europa y jugar en el Madrid siempre ha sido un sueño para cualquier jugador". Lo que me reafirma en dos de mis grandes creencias: que se puede ser seguidor del Estudiantes y, al mismo tiempo, simpatizante del Madrid (y viceversa) y que, en esta vida, no todo se hace por dinero. Supongo que cualquier pesetero se habría ido al Barça sin dudarlo un solo instante: mayores posibilidades de títulos a corto plazo, mejores contratos publicitarios y un sueldo más elevado son razones más que suficientes para mudarse a la ciudad condal. Pero aún quedan algunos raros especímenes que no se venden tan fácilmente y que prefieren triunfar en el equipo de su ciudad, aunque ello suponga tener que luchar más duro para ganar un campeonato y, sobre todo, una menor retribución económica. Puede que aún quede alguna esperanza para un mundo en el que aún existen los utópicos.

3- El secreto contra la "barçafobia" es "ganar un partido y creer en nosotros. Es verdad que no rendimos al mismo nivel jugando con el Barcelona y tenemos que quitarnos ese agarrotamiento porque no hay tanta diferencia". Está bien que una de las estrellas del Madrid se dé cuenta de que si el equipo blanco no gana al Barça ni a la de tres es por ese agarrotamiento inicial con el que comienzan todos los partidos contra su eterno rival y que hace que, tras el primer cuarto, siempre pierdan por más de 10 puntos, barrera insalvable durante el resto del encuentro como consecuencia de un complejo de inferioridad más psicológico que real. ¿Es el Barça mejor equipo que el Real Madrid? Puede ser; pero, como dice Suárez, la diferencia no es tan abismal como parecen demostrar los resultados. Ahora sólo falta que tres o cuatro jugadores blancos pierdan el miedo a los blaugranas y decidan ganarles un par de partidos. Luego todo será coser y cantar, subidón de moral y posibilidades más que tangibles de ganar. Mientras, tendremos que seguir apostando para ver si el Madrid pierde de 10, de 20, de 30 o de 40. Mal asunto. Sobre todo teniendo en cuenta la proximidad de la Copa del Rey.

sábado, 29 de enero de 2011

Copa del Rey 2011



Sólo faltan 12 días para que empiece la Copa del Rey de baloncesto y aún soy incapaz de realizar ningún tipo de pronóstico. Es lo que tienen las competiciones a todo o nada. Siempre hay sorpresas y nunca es fácil adivinarlas.

El primer encuentro tendrá lugar el jueves 10 de febrero a las 19 h. El Blancos de Rueda Valladolid intentará demostrar que no es cabeza de serie por casualidad y si logra eliminar al Power Electronics Valencia pienso que lo habrá conseguido más que de sobra. Por su parte, el equipo taronja tratará de recuperar el crédito perdido en las últimas temporadas, mientras Víctor Claver despeja la duda de si es capaz de ser el líder que necesita cualquier equipo campeón. Como digo, no tengo ni idea de quién se llevará el gato al agua, pero para mí que esto pasa por una victoria trabajada del Valladolid o por un triple en el último segundo de Rafa Martínez. Y es que, aunque me joda decirlo, no veo aún a Claver echándose al equipo a sus espaldas y conduciéndolo a la tierra prometida. En cualquier caso, seguro que será un partido competido que se decidirá a base de genialidades individuales y defensas magistrales.

El segundo encuentro comenzará a las 21:30 h de ese mismo jueves 10 de febrero y enfrentará al Real Madrid con el Gran Canaria 2014. Que los de amarillo están especializados en matar gigantes es algo de lo que no cabe la menor duda, pero los merengues tendrán a su favor el factor cancha, que por algo juegan en su ciudad, aunque lo hagan lejos de la tan criticada Caja Mágica. ¿Podrán los isleños superar la presión de un público hostil y eliminar a las primeras de cambio a los cada vez más consistentes blancos? Su recientísima derrota ante el Barça parece indicar que no, pero una vez suene el pitido inicial puede ocurrir cualquier cosa y los de Messina ya han demostrado en multitud de ocasiones que son capaces de lo mejor y de lo peor. Para mí la clave estará en el trío fantástico (Llull-Suárez-Reyes). Si los tres funcionan, no creo que el Madrid tenga nada que temer. Si alguna de las patas flojea (sobre todo Llull y Suárez, porque Mirotic está demostrando que puede suplir de manera más que solvente a Reyes), los de Las Palmas pueden dejar huérfana de participantes a la capital.

Por su parte, a las 19 h del viernes 11 de febrero comenzará el derbi vasco. El Caja Laboral y el Bizkaia Bilbao Basket competirán por ostentar el honor de mejor equipo de su región en un duelo fratricida en el que cualquier cosa puede ocurrir. A priori, los de Vitoria deberían alzarse con la victoria sin demasiados problemas, pero el Bilbao es un equipo correoso y difícil de doblegar que siempre lucha hasta el último segundo por alzarse con el triunfo, por lo que el buen baloncesto, al igual que en los demás encuentros, está más que asegurado.

Y, por último, a las 21:30 h del viernes 11 de febrero podremos disfrutar de otro derbi, esta vez catalán. El Regal FC Barcelona intentará demostrar una vez más su superioridad sobre el DKV Joventut, mientras que los de Badalona se empeñarán en dejar patente que un presupuesto desorbitado no siempre es garantía de éxito deportivo. No obstante, desde que la triple erre se desintegró, las debilidades de los verdinegros son más que evidentes y sigo pensando que el simple hecho de que hayan conseguido colarse en la Copa ya es para que estén más que satisfechos. Así que, salvo que Navarro se rompa las dos muñecas y Ricky demuestre un estado de forma tan deplorable como el que tenía en el mundial del pasado verano, mucho me temo que la victoria blaugrana está más que garantizada.

En cualquier caso, dentro de 12 días, se despejarán todas las incógnitas. Mientras tendremos que continuar mordiéndonos las uñas.

PS: Del lamentable espectáculo que se organizó para llevar a cabo el sorteo de la Copa, casi mejor ni hablar. El supuesto robo del trofeo, las mujeres de negro interrogando a los jugadores, capitaneadas por una aspirante a actriz con una dicción vomitiva, hasta llegar a la feliz recuperación de la por todos deseada Copa, me pareció un espectáculo chusquero tan sumamente deleznable que prefiero tratar de borrarlo de mi memoria. Que los jugadores se presten a formar parte de ello, lo entiendo. Imagino que sus contratos deportivos y/o publicitarios les obligan. Que los organizadores del evento idearan tal atrocidad con la intención de incrementar la audiencia es algo que no alcanzo a comprender.

martes, 4 de enero de 2011

Jorge Lorenzo



Hoy me apetece hablar de un primero que pronto podría volver a ser segundo: Jorge Lorenzo, ese gran motociclista español que esta temporada se ha proclamado campeón del mundo de Moto GP de manera incontestable. O eso dicen nuestros periódicos. De lo que nadie parece darse cuenta es de que Jorge Lorenzo se ha proclamado campeón del mundo en una temporada en la que el campeonísimo Rossi se perdió cuatro carreras enteras tras su fractura abierta de tibia y peroné en los entrenamientos del Gran Premio de Italia, lesión de la que no estaba totalmente recuperado cuando volvió a competir en el Gran Premio de Alemania, apenas un mes después de su grave caída, y que le condicionó físicamente el resto de la temporada. Tampoco parece acordarse nadie de que Dani Pedrosa también se lesionó justo cuando comenzaba a recortar distancias con el mallorquín.

Sí, Jorge Lorenzo se ha proclamado campeón del mundo de manera incontestable, lo que significa que, hoy por hoy, es el mejor piloto de motos del mundo. Pero, como el mismo Lorenzo reconoce en esta entrevista, "no es fácil quitarse la imagen de chulito prepotente". Y es que somos muchos los aficionados al motociclismo que seguimos viendo a Jorge Lorenzo como un niñato engreído y malcriado que ha tenido la suerte de ganar un campeonato del mundo como consecuencia de una lesión sin precedentes en la carrera deportiva de su máximo rival.

"Creo que ha habido una progresión en los últimos años, que la gente me ve más sencillo y más cercano. No es fácil quitarse la imagen de chulito y prepotente. Esa fue una época pasada de cuando tenía 17 o 18 años que ahora no se ajusta a la realidad. Espero que, por lo que voy mostrando, la gente se dé cuenta de que esa imagen no tiene nada que ver conmigo" afirma Jorge.

Sí, es cierto que con 17 años Jorge Lorenzo se dedicaba a realizar declaraciones incendiarias en las que criticaba y menospreciaba a todos sus rivales y atacaba abiertamente a Dani Pedrosa y también es cierto que, tras varias curas de humildad en forma de caídas de principiante, el mallorquín pronto aprendió a domesticar su incontrolable lengua y comenzó a hablar más en la pista y menos ante los micrófonos de los periodistas.

Posteriormente, con Dani en MotoGP, Lorenzo comenzó a ganar carreras y se alzó en dos temporadas consecutivas con el campeonato de la ya extinta categoría de 250 cc. Pero la cabra tira al monte y quien chulo nace chulo se muere. Así que las declaraciones políticamente correctas y la humildad fingida ante los medios de comunicación eran paralelamente acompañadas de celebraciones que pretendían ser originales y atractivas para los aficionados al motociclismo, pero que sólo conseguían ser una mala imitación de las ideadas por Il Dottore.

Una vez en MotoGP, Jorge, con una moto enteramente desarrollada por Rossi, comenzó a ser una amenaza real y tangible para el de Tavullia. Y entonces Rossi creó el muro. Dicen que lo hizo para que Lorenzo no conociera los reglajes de su moto ni pudiera beneficiarse de cualquier mejora técnica introducida por el equipo de mecánicos del italiano. Y dicen que si Valentino hizo todo esto era porque tenía miedo de ser derrotado por Lorenzo. Y dicen las malas lenguas que estos rumores fueron alimentados por el mismísimo Jorge.

Lo cierto es que Lorenzo, en su temporada rookie, ganó la friolera de cuatro carreras, pero Valentino fue quien se alzó con la corona mundialista. Luego llegó la temporada 2010, ésa en la que Lorenzo se alzó con la victoria en 9 de las 18 carreras disputadas, ésa en la que Rossi ganó una de las tres únicas carreras que pudo disputar en plenas condiciones físicas y otra carrera más casi al final del campeonato, la temporada en la que Lorenzo se doctoró porque Il Dottore no existió, la temporada en la que Jorge celebró cada victoria como si realmente estuviera derrotando a Rossi, aunque todo el mundo supiera que el Rossi de este año había veces en que casi no podía apretar el freno.

Lorenzo dice que no es fácil quitarse la imagen de chulito prepotente. Y eso que el chico lo intenta con declaraciones tan políticamente correctas y acertadas como éstas:



Poco importa que la celebración previa tuviera poco de humilde y mucho de "mira cómo molo", las palabras posteriores no podían ser más humildes:



Sí, el chico es súper sencillo y cercano y no tiene nada de chulo. Está más claro que el agua. Y no me entiendan mal, que a mí los chulos me gustan y mucho. Pero prefiero a los chulos que, estando medio lesionados toda la temporada, se entretienen en ganar justo la carrera en la que su máximo rival se proclama campeón del mundo y luego van a felicitar al recién estrenado campeón en un gesto teóricamente deportivo, pero cuya única finalidad era recordarle al supuesto número 1 que un tío casi 10 años mayor que él, medio cojo y con el hombro y el brazo hechos picón aún es capaz de ganarle. Chulería de la buena, auténtica, en estado puro, de la que hace daño y escuece, no la del que se vanagloria de ser el mejor cuando gana gracias a las lesiones de sus dos máximos contrincantes, no la del que dice "Game over" en Malasia cuando la partida terminó en Italia.