martes, 4 de enero de 2011

Jorge Lorenzo



Hoy me apetece hablar de un primero que pronto podría volver a ser segundo: Jorge Lorenzo, ese gran motociclista español que esta temporada se ha proclamado campeón del mundo de Moto GP de manera incontestable. O eso dicen nuestros periódicos. De lo que nadie parece darse cuenta es de que Jorge Lorenzo se ha proclamado campeón del mundo en una temporada en la que el campeonísimo Rossi se perdió cuatro carreras enteras tras su fractura abierta de tibia y peroné en los entrenamientos del Gran Premio de Italia, lesión de la que no estaba totalmente recuperado cuando volvió a competir en el Gran Premio de Alemania, apenas un mes después de su grave caída, y que le condicionó físicamente el resto de la temporada. Tampoco parece acordarse nadie de que Dani Pedrosa también se lesionó justo cuando comenzaba a recortar distancias con el mallorquín.

Sí, Jorge Lorenzo se ha proclamado campeón del mundo de manera incontestable, lo que significa que, hoy por hoy, es el mejor piloto de motos del mundo. Pero, como el mismo Lorenzo reconoce en esta entrevista, "no es fácil quitarse la imagen de chulito prepotente". Y es que somos muchos los aficionados al motociclismo que seguimos viendo a Jorge Lorenzo como un niñato engreído y malcriado que ha tenido la suerte de ganar un campeonato del mundo como consecuencia de una lesión sin precedentes en la carrera deportiva de su máximo rival.

"Creo que ha habido una progresión en los últimos años, que la gente me ve más sencillo y más cercano. No es fácil quitarse la imagen de chulito y prepotente. Esa fue una época pasada de cuando tenía 17 o 18 años que ahora no se ajusta a la realidad. Espero que, por lo que voy mostrando, la gente se dé cuenta de que esa imagen no tiene nada que ver conmigo" afirma Jorge.

Sí, es cierto que con 17 años Jorge Lorenzo se dedicaba a realizar declaraciones incendiarias en las que criticaba y menospreciaba a todos sus rivales y atacaba abiertamente a Dani Pedrosa y también es cierto que, tras varias curas de humildad en forma de caídas de principiante, el mallorquín pronto aprendió a domesticar su incontrolable lengua y comenzó a hablar más en la pista y menos ante los micrófonos de los periodistas.

Posteriormente, con Dani en MotoGP, Lorenzo comenzó a ganar carreras y se alzó en dos temporadas consecutivas con el campeonato de la ya extinta categoría de 250 cc. Pero la cabra tira al monte y quien chulo nace chulo se muere. Así que las declaraciones políticamente correctas y la humildad fingida ante los medios de comunicación eran paralelamente acompañadas de celebraciones que pretendían ser originales y atractivas para los aficionados al motociclismo, pero que sólo conseguían ser una mala imitación de las ideadas por Il Dottore.

Una vez en MotoGP, Jorge, con una moto enteramente desarrollada por Rossi, comenzó a ser una amenaza real y tangible para el de Tavullia. Y entonces Rossi creó el muro. Dicen que lo hizo para que Lorenzo no conociera los reglajes de su moto ni pudiera beneficiarse de cualquier mejora técnica introducida por el equipo de mecánicos del italiano. Y dicen que si Valentino hizo todo esto era porque tenía miedo de ser derrotado por Lorenzo. Y dicen las malas lenguas que estos rumores fueron alimentados por el mismísimo Jorge.

Lo cierto es que Lorenzo, en su temporada rookie, ganó la friolera de cuatro carreras, pero Valentino fue quien se alzó con la corona mundialista. Luego llegó la temporada 2010, ésa en la que Lorenzo se alzó con la victoria en 9 de las 18 carreras disputadas, ésa en la que Rossi ganó una de las tres únicas carreras que pudo disputar en plenas condiciones físicas y otra carrera más casi al final del campeonato, la temporada en la que Lorenzo se doctoró porque Il Dottore no existió, la temporada en la que Jorge celebró cada victoria como si realmente estuviera derrotando a Rossi, aunque todo el mundo supiera que el Rossi de este año había veces en que casi no podía apretar el freno.

Lorenzo dice que no es fácil quitarse la imagen de chulito prepotente. Y eso que el chico lo intenta con declaraciones tan políticamente correctas y acertadas como éstas:



Poco importa que la celebración previa tuviera poco de humilde y mucho de "mira cómo molo", las palabras posteriores no podían ser más humildes:



Sí, el chico es súper sencillo y cercano y no tiene nada de chulo. Está más claro que el agua. Y no me entiendan mal, que a mí los chulos me gustan y mucho. Pero prefiero a los chulos que, estando medio lesionados toda la temporada, se entretienen en ganar justo la carrera en la que su máximo rival se proclama campeón del mundo y luego van a felicitar al recién estrenado campeón en un gesto teóricamente deportivo, pero cuya única finalidad era recordarle al supuesto número 1 que un tío casi 10 años mayor que él, medio cojo y con el hombro y el brazo hechos picón aún es capaz de ganarle. Chulería de la buena, auténtica, en estado puro, de la que hace daño y escuece, no la del que se vanagloria de ser el mejor cuando gana gracias a las lesiones de sus dos máximos contrincantes, no la del que dice "Game over" en Malasia cuando la partida terminó en Italia.

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