
Hace unos días leí esta entrevista. No es que sea especialmente interesante, pero contiene tres afirmaciones dignas de ser destacadas:
1-El fútbol en este país "es el deporte rey y es mucho más fácil jugar al fútbol, porque con dos piedras haces una portería, que al baloncesto para el que necesitas una canasta". Triste, pero cierto. Con una pizca de imaginación, se puede jugar al fútbol en cualquier sitio y de cualquier forma. Lo del básquet ya es más complicado y no sólo porque una canasta no se improvise fácilmente, sino porque son pocos los lugares con canastas donde se pueda jugar al baloncesto. Pongamos como ejemplo mi colegio, dotado con un patio con canastas y porterías. ¿Y cuál era el resultado? La potencial cancha de baloncesto era utilizada única y exclusivamente como campo de fútbol tarde tras tarde. Si querías jugar al baloncesto tenías que buscarte otro sitio, pero ¿cuál? Los escasos polideportivos linarenses o no tenían canchas de baloncesto o las tenían permanentemente ocupadas con chavales jugando al fútbol o con los entrenamientos de equipos de baloncesto más o menos oficiales. Pero, ¿y si querías echarte un partidillo con los amigos una tarde cualquiera sin ningún tipo de pretensión profesional? No podías. Simple y llanamente. Era imposible. O te apuntabas a un equipo y te comprometías a entrenar según sus horarios y a jugar los partidos correspondientes o te conformabas con botar el balón en cualquier parte sin posibilidad alguna de comprobar tus habilidades a la hora de encestar. Un asco. Y lo más triste de todo es que, a pesar de los éxitos de nuestra increíble selección de baloncesto, la situación no ha cambiado. Los críos sueñan con ser futbolistas, nunca baloncestistas. Y no me extraña. Los astros de la liga BBVA ganan millones y millones de las antiguas pesetas, acaparan todas las portadas de los periódicos deportivos y de las revistas del corazón y tienen novias de bandera. ¿Y qué les queda a los jugadores de la ACB? Un sueldo que muchos envidiamos profundamente, pero que sigue a años luz del de Messi o Cristiano Ronaldo, una o dos portadas al año y novias que no se sabe si están buenas o no, porque nunca salen en las revistas del corazón. Aunque supongo que eso no es lo más importante, sino el hecho de que difícilmente puedes aspirar a dedicarte a algo que no tienes forma de comprobar si se te da bien. Sí, te puedes apuntar a un equipo y ver qué pasa, pero no existe ese concepto estadounidense de chaval de barrio sin recursos que mata sus tardes vacías de sentido con vibrantes unos contra unos, mates dignos del All Star y triples estratosféricos. En España nadie te descubrirá en una cancha callejera, porque no las hay. Tienes que decidir que quieres dedicarte a esto, buscarte un equipo y luego ver si vales o no vales. No hay jugadores autodidactas, porque pocos son los sitios donde puedes jugar a ser Michael Jordan sin la supervisión de un entrenador y sin gastarte toda tu paga semanal al alquilar la cancha. Y, aún así, tenemos a algunos de los mejores jugadores de baloncesto del mundo. Chavales a los que no les importa perder media tarde en desplazarse desde su casa hasta el lugar en el que juega su equipo. Tíos tan enamorados de este deporte como para no quejarse del segundo plano que ocupan siempre dentro de la actualidad deportiva de este ignorante país. Sí, de vez en cuando, aparece un Pau Gasol que consigue superar el interés mediático despertado por el último balón de oro; pero, desgraciadamente, el resto de estrellas de la ACB tienen que contentarse con una fama limitada y directamente proporcional al número de campañas publicitarias que hayan protagonizado en los últimos meses. Mientras cualquier escolar se sabe de corrido la alineación titular del Barça o del Madrid, pocos son los que pueden citar a los miembros del quinteto titular de sus homólogos baloncestísticos. Aunque supongo que está bien así. Es normal que se potencie el fútbol. Al fin y al cabo, el baloncesto se ve mejor en casa que tomando cervezas en un bar con los amigos. Pan y circo, señores, que unas masas con encefalograma plano siempre han sido más fáciles de manejar.
2-"Siempre había sido simpatizante del Madrid. Le debo mucho a Estudiantes, soy un poco demente y ahora mismo es mi segundo equipo pero decidí decir 'no' al Barcelona porque el Real Madrid es el equipo más laureado de Europa y jugar en el Madrid siempre ha sido un sueño para cualquier jugador". Lo que me reafirma en dos de mis grandes creencias: que se puede ser seguidor del Estudiantes y, al mismo tiempo, simpatizante del Madrid (y viceversa) y que, en esta vida, no todo se hace por dinero. Supongo que cualquier pesetero se habría ido al Barça sin dudarlo un solo instante: mayores posibilidades de títulos a corto plazo, mejores contratos publicitarios y un sueldo más elevado son razones más que suficientes para mudarse a la ciudad condal. Pero aún quedan algunos raros especímenes que no se venden tan fácilmente y que prefieren triunfar en el equipo de su ciudad, aunque ello suponga tener que luchar más duro para ganar un campeonato y, sobre todo, una menor retribución económica. Puede que aún quede alguna esperanza para un mundo en el que aún existen los utópicos.
3- El secreto contra la "barçafobia" es "ganar un partido y creer en nosotros. Es verdad que no rendimos al mismo nivel jugando con el Barcelona y tenemos que quitarnos ese agarrotamiento porque no hay tanta diferencia". Está bien que una de las estrellas del Madrid se dé cuenta de que si el equipo blanco no gana al Barça ni a la de tres es por ese agarrotamiento inicial con el que comienzan todos los partidos contra su eterno rival y que hace que, tras el primer cuarto, siempre pierdan por más de 10 puntos, barrera insalvable durante el resto del encuentro como consecuencia de un complejo de inferioridad más psicológico que real. ¿Es el Barça mejor equipo que el Real Madrid? Puede ser; pero, como dice Suárez, la diferencia no es tan abismal como parecen demostrar los resultados. Ahora sólo falta que tres o cuatro jugadores blancos pierdan el miedo a los blaugranas y decidan ganarles un par de partidos. Luego todo será coser y cantar, subidón de moral y posibilidades más que tangibles de ganar. Mientras, tendremos que seguir apostando para ver si el Madrid pierde de 10, de 20, de 30 o de 40. Mal asunto. Sobre todo teniendo en cuenta la proximidad de la Copa del Rey.
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