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lunes, 15 de agosto de 2016

Recuperar la sonrisa

Hace mucho que no escribo de deportes, pero si París bien vale una misa, Río bien merece una entrada en este abandonado blog. Podría callarme, esperar a ver qué pasa esta noche, pero sería hipócrita, porque, ocurra lo que ocurra, mi reivindicación será idéntica: Jorge Garbajosa, por favor, cesa a Sergio Scariolo y es que en unas horas afrontaremos uno de los momentos más decisivos de la historia del baloncesto español y no quiero que el italiano vuelva a alejarnos de la gloria olímpica.
 
Sé de sobra que mi petición es imposible de poner en práctica, que nadie en su sano juicio cesaría al seleccionador nacional sin haber concluido la competición, pero, a grandes males, grandes remedios, que diría la sabiduría popular.
 
No es la primera vez que nos encontramos en una situación similar a la presente. Curiosamente (o no tan curiosamente) el capitán de aquel barco que se hundía es el mismo que el de este Titanic herido por el iceberg del eterno retorno (nada cambia, todo permanece). Si entráis en Wikipedia y consultáis el palmarés de Scariolo como seleccionador español de baloncesto pensaréis que estoy loca. ¿Cómo puedo pedir el cese de un tío que ha ganado tres Eurobaskets y una medalla de plata en unos Juegos Olímpicos? Mis motivos creo que ya los dejé bastante claros aquí en 2011. Cualquier aficionado que viviera dichos campeonatos sabrá perfectamente de qué hablo y, sobre todo, tendrá claro que los gigantes de la ÑBA ganaron a pesar de Scariolo y no gracias a él (aunque jamás pueda admitirlo públicamente, por suerte, el actual presidente de la FEB ha sufrido en sus carnes al de Brescia, así que supongo que estará de acuerdo conmigo).
 
La cuestión no es pues si hay que cesar a mi querido Sergio, sino cuándo hacerlo y yo opino que, cuanto antes, mejor, aunque ello suponga poner al frente de la nave al actual segundo de a bordo, Txus Vidorreta (sus resultados con el Bilbao Basket lo avalan sobradamente) y ello por dos motivos fundamentales:
 
1) Tanto va el cántaro a la fuente que, algún día, acabará rompiéndose y, si lo hace ahora, héroes como Pau Gasol, Felipe Reyes o Juan Carlos Navarro no sólo se verán privados del oro, sino de la posibilidad de sumar una nueva medalla olímpica (del color que sea) a su extraterrestre currículo deportivo (no nos engañemos, desgraciadamente, muchos de nuestros chicos no llegarán a Tokio).
 
2) Porque si vuelve a sonar la flauta y nuestros jugadores nos demuestran, una vez más, que son capaces de llegar al podio a pesar de todo y de todos (léase Scariolo), ¿cómo nos libraremos del italiano? Dirán algunos que para qué vamos a librarnos de él si, al final, aunque sea a trancas y barrancas, ganamos, pero yo vuelvo a defender lo que ya dije en septiembre de 2011: se puede ganar o se puede perder, pero hay que saber hacer ambas cosas. Con Scariolo sólo sabemos sufrir y yo lo único que quiero, lo único que pido, es que los jugadores vuelvan a divertirse sobre la cancha de baloncesto. Se lo merecen. Nos lo merecemos.
 
Sé que es imposible, que ni siquiera alguien que sabe lo que es jugar constreñido por el pétreo corsé que Scariolo impone a quienes se encuentran a sus órdenes se atreverá a quemar las naves sin haber aún perdido la batalla, pero necesito que nuestros chicos vuelvan a sonreír, antes de que sea demasiado tarde, y eso pasa por poner de patitas en la calle al engominado que nos amarga la existencia.
 
 

lunes, 30 de mayo de 2011

Semifinales Playoffs ACB: Real Madrid 66 - Bizkaia Bilbao Basket 71

No es que quiera excusar a los tan irregulares como faltos de personalidad jugadores del Real Madrid de baloncesto. Es sólo que estoy firmemente convencida de que el principal culpable de los últimos ridículos deportivos protagonizados por el equipo blanco es el mequetrefe de Molin.

Después del estrepitoso fracaso de la Final Four y de un final de temporada al más puro estilo de Jeckyl y Hyde, en el que el Madrid nos brindó momentos gloriosos de baloncesto mezclados con minutos total y absolutamente penosos, llegamos a unos Playoffs harto inciertos marcados por un Llull en estado de gracia, un Carlos Suárez desaparecido en combate y un rendimiento más que mediocre del resto de merengues del equipo.

Aún así, el empuje de Llull fue suficiente para colocar a un desdibujado Real Madrid en las semifinales de la ACB e incluso para ganar el primer encuentro de las mismas frente al Bizkaia Bilbao Basket.

No obstante, si tensas mucho una cuerda, ésta acaba rompiéndose y eso fue justo lo que ocurrió este domingo a las 20:30 h en la Caja Mágica.



A pesar de que Llull comienza a parecerse más a un extraterrestre que a un jugador de baloncesto, marcando triples imposibles, planeando en vuelos interminables hasta la canasta contraria, corriendo a la velocidad del correcaminos y defendiendo como un auténtico animal; un Madrid cuyo ataque se redujo a la inspiración del menorquín y algún leve síntoma de recuperación de Suárez y totalmente inoperante en defensa vio cómo el Bilbao le metía casi 20 puntos de diferencia en la primera mitad sin que Molin se molestara siquiera en intentar cortar la racha de los vascos con un tiempo muerto que sólo se dignó a solicitar cuando la brecha en el marcador se antojaba casi imposible de salvar.

Aún así, siguiendo las directrices de un encorajinado Prigioni y con el seguro de vida que implica poner a Fisher en pista, perfectamente acoplado a un cada vez más centrado Mirotic, sin olvidar, por supuesto, el acierto del todopoderoso Llull, el Madrid se entretuvo en volver a igualar el encuentro en un tercer cuarto para enmarcar, llegando al último cuarto con una opción más que clara de ir a Bilbao con un 2-0 de ventaja.



Y aquí es donde entra mi admiradísimo Molin. Si has remontado el encuentro con Fisher y Mirotic en pista, lo mejor que puedes hacer para ganar el partido es sentar a ambos durante la mayor parte del último cuarto para sacar a Manos-de-gacha-Tomic y No-me-entiendo-con-Tomic-ni-por-señas-Felipe-Reyes. Y no sólo eso. Cuando ves que el croata no coge un rebote ni por casualidad, que no mete canasta ni estando solo debajo del aro y que su concepto de una buena defensa es hacer faltas en ataque, tú lo dejas en pista hasta que quedan menos de 40 segundos de encuentro y entonces, y sólo entonces, sacas a Fisher. Por supuesto, también has visto la versión más fallona de Felipe, pero le dejas en pista hasta que se autoelimina por faltas. Total, Mirotic-Fisher sólo habían formado una pareja perfecta debajo de los tableros durante el tercer cuarto. Mejor que sigan siendo la pareja perfecta en el banquillo.

Y para lo de Begic es que no tengo palabras. Messina da de baja a Garbajosa para fichar a este gigante bosnio y luego tanto él como su sucesor Molin lo anclan al banquillo pase lo que pase. En esta ocasión, para más inri, lo hizo bastante bien durante los tres minutos y medio que estuvo en pista. Pero mejor dejar al fantástico Tomic y ver cómo nos dan hasta en el carnet de identidad.



Sé que era la crónica de una derrota anunciada, pero cuando ves que el equipo reacciona, que le echa huevos y tira para adelante y que es el entrenador quien sienta a dos de los pilares de la remontada y se cruza de brazos hasta el final del partido, la cara de idiota que se te queda cuando suena el último pitido es de campeonato.

Si a Florentino Pérez le interesara mínimamente el baloncesto pondría a este nuevo cáncer italiano de patitas en la calle, pero como sólo tiene ojos para el galáctico Cristiano imagino que los aficionados madridistas no podremos volver a pisar la Caja Mágica esta temporada. A menos que el Madrid imite a la selección española de baloncesto del europeo de Polonia y gane, no gracias, sino a pesar del italiano del banquillo. Ha ocurrido antes. Puede volver a ocurrir. También puede que todo termine el jueves.

domingo, 8 de mayo de 2011

Final Four: Maccabi 82-Real Madrid 63

Había costado mucho llegar hasta allí. 16 años, si las cuentas no me fallan, y cinco duros partidos ante el Power Electronics Valencia, entre otras muchas cosas. Los jugadores del Madrid llegaban a Barcelona ilusionados, con hambre de títulos, conscientes de que estaban ante una gran oportunidad de alzarse con la Copa de Europa y sabiendo lo que tenían que hacer para ganar la Final Four. Así lo aseguraban Carlos Suárez, Sergio Llull y Felipe Reyes. Desgraciadamente para los aficionados madridistas, nada de esto sirvió para nada cuando llegó la hora de la verdad.



Con las gradas teñidas de amarillo, el Madrid salió con más ganas que estrategia y tras ponerse por delante durante los primeros minutos del encuentro, cedió el protagonismo al equipo israelí, que empujado por su vociferante afición, acabó ganando el encuentro.

Sólo Felipe Reyes y Prigioni supieron dejar a un lado los nervios y hacer un partido serio. Felipe se partió el pecho bajo los tableros, peleando cada rebote como si fuera el último del partido y sacando fuerzas de flaqueza para luchar hasta el final. Pablo volvió a dar una clase magistral de cómo ser el base perfecto, dirigiendo al equipo, defendiendo a muerte y enchufando algunos triples espectaculares que evitaron que el Madrid se descolgara en el marcador en la primera mitad del encuentro.

Lamentablemente, la juventud e inexperiencia del resto de la plantilla madridista fue demasiado evidente. Tomic continuó siendo el pívot blandito que ha sido siempre, encestando sólo cuando los rivales le dejaban algo de espacio o conseguía fabricarse un tiro de media distancia, creando un agujero negro bajo los aros que Felipe no era capaz de llenar sin la ayuda del croata. Sergio Llull lo intentó todo por activa y por pasiva, pero sin ningún tipo de acierto. Aunque supongo que las grandes decepciones fueron Carlos Suárez y Mirotic. El primero, aterrorizado ante la idea de fallar los tiros decisivos, optó por no tirar prácticamente nada y esconderse detrás de buenos pases que sus compañeros no acababan de convertir en canasta. Sólo cuando dejó de pensar por un instante salió el Bird que lleva dentro, marcando un triple imposible que, por un momento, me hizo creer que la remontada era factible. Me equivoqué. Fue sólo un espejismo. Carlos volvió a pensar y se entregó al miedo al fracaso, delegando la responsabilidad de luchar por la victoria en los demás miembros del equipo. En cuanto a Mirotic, poco se puede decir. Jamás lo había visto tan desquiciado como el viernes. Presa del pánico, tiraba sin orden ni concierto lo poco que llegaba a sus manos, contagiando a sus compañeros su nerviosismo y precipitación y haciendo más abultada la diferencia en el marcador. Tampoco asumieron su responsabilidad como tiradores ni Tucker ni Sergio Rodríguez, ni ningún otro miembro de la plantilla blanca. Incluso Fisher se entretuvo en hacer uno de los peores partidos de la temporada, con acciones tan desacertadas como la pérdida de balón nada más sacar de fondo, seguida de canasta más falta personal.

Molin, por supuesto, una vez más, no supo gestionar a sus pupilos, cambiando a los jugadores en pista sin ningún tipo de criterio y siendo incapaz de imponer orden o calma entre sus filas.

Siempre a remolque, el Madrid jugó al acordeón, acercándose y alejándose en el marcador, hasta que el Maccabi fue consciente de que realmente podía ganar el partido y, a base de triples y penetraciones rápidas, hundió al Madrid en la miseria consiguiendo un merecido pase para la final del domingo.



Al equipo blanco sólo le queda el consuelo de que todos los grandes campeones han perdido alguna final antes de alzarse con el triunfo, pero la forma en la que se perdió el viernes puede tener graves consecuencias para moral del equipo de cara a afrontar los inminentes playoffs de la liga ACB. Esperemos que un triunfo ante el Montepaschi sirva para cicatrizar las heridas. Aunque mucho tendrá que cambiar la mentalidad de los blancos para conseguirlo.

sábado, 29 de enero de 2011

Copa del Rey 2011



Sólo faltan 12 días para que empiece la Copa del Rey de baloncesto y aún soy incapaz de realizar ningún tipo de pronóstico. Es lo que tienen las competiciones a todo o nada. Siempre hay sorpresas y nunca es fácil adivinarlas.

El primer encuentro tendrá lugar el jueves 10 de febrero a las 19 h. El Blancos de Rueda Valladolid intentará demostrar que no es cabeza de serie por casualidad y si logra eliminar al Power Electronics Valencia pienso que lo habrá conseguido más que de sobra. Por su parte, el equipo taronja tratará de recuperar el crédito perdido en las últimas temporadas, mientras Víctor Claver despeja la duda de si es capaz de ser el líder que necesita cualquier equipo campeón. Como digo, no tengo ni idea de quién se llevará el gato al agua, pero para mí que esto pasa por una victoria trabajada del Valladolid o por un triple en el último segundo de Rafa Martínez. Y es que, aunque me joda decirlo, no veo aún a Claver echándose al equipo a sus espaldas y conduciéndolo a la tierra prometida. En cualquier caso, seguro que será un partido competido que se decidirá a base de genialidades individuales y defensas magistrales.

El segundo encuentro comenzará a las 21:30 h de ese mismo jueves 10 de febrero y enfrentará al Real Madrid con el Gran Canaria 2014. Que los de amarillo están especializados en matar gigantes es algo de lo que no cabe la menor duda, pero los merengues tendrán a su favor el factor cancha, que por algo juegan en su ciudad, aunque lo hagan lejos de la tan criticada Caja Mágica. ¿Podrán los isleños superar la presión de un público hostil y eliminar a las primeras de cambio a los cada vez más consistentes blancos? Su recientísima derrota ante el Barça parece indicar que no, pero una vez suene el pitido inicial puede ocurrir cualquier cosa y los de Messina ya han demostrado en multitud de ocasiones que son capaces de lo mejor y de lo peor. Para mí la clave estará en el trío fantástico (Llull-Suárez-Reyes). Si los tres funcionan, no creo que el Madrid tenga nada que temer. Si alguna de las patas flojea (sobre todo Llull y Suárez, porque Mirotic está demostrando que puede suplir de manera más que solvente a Reyes), los de Las Palmas pueden dejar huérfana de participantes a la capital.

Por su parte, a las 19 h del viernes 11 de febrero comenzará el derbi vasco. El Caja Laboral y el Bizkaia Bilbao Basket competirán por ostentar el honor de mejor equipo de su región en un duelo fratricida en el que cualquier cosa puede ocurrir. A priori, los de Vitoria deberían alzarse con la victoria sin demasiados problemas, pero el Bilbao es un equipo correoso y difícil de doblegar que siempre lucha hasta el último segundo por alzarse con el triunfo, por lo que el buen baloncesto, al igual que en los demás encuentros, está más que asegurado.

Y, por último, a las 21:30 h del viernes 11 de febrero podremos disfrutar de otro derbi, esta vez catalán. El Regal FC Barcelona intentará demostrar una vez más su superioridad sobre el DKV Joventut, mientras que los de Badalona se empeñarán en dejar patente que un presupuesto desorbitado no siempre es garantía de éxito deportivo. No obstante, desde que la triple erre se desintegró, las debilidades de los verdinegros son más que evidentes y sigo pensando que el simple hecho de que hayan conseguido colarse en la Copa ya es para que estén más que satisfechos. Así que, salvo que Navarro se rompa las dos muñecas y Ricky demuestre un estado de forma tan deplorable como el que tenía en el mundial del pasado verano, mucho me temo que la victoria blaugrana está más que garantizada.

En cualquier caso, dentro de 12 días, se despejarán todas las incógnitas. Mientras tendremos que continuar mordiéndonos las uñas.

PS: Del lamentable espectáculo que se organizó para llevar a cabo el sorteo de la Copa, casi mejor ni hablar. El supuesto robo del trofeo, las mujeres de negro interrogando a los jugadores, capitaneadas por una aspirante a actriz con una dicción vomitiva, hasta llegar a la feliz recuperación de la por todos deseada Copa, me pareció un espectáculo chusquero tan sumamente deleznable que prefiero tratar de borrarlo de mi memoria. Que los jugadores se presten a formar parte de ello, lo entiendo. Imagino que sus contratos deportivos y/o publicitarios les obligan. Que los organizadores del evento idearan tal atrocidad con la intención de incrementar la audiencia es algo que no alcanzo a comprender.