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lunes, 4 de junio de 2012

Caja Laboral 66-Real Madrid 76

Hay quien dirá que fue mérito del Velickovic más espectacular de los últimos tiempos. Otros dirán que todo fue gracias al partidazo de un Mirotic más que recuperado de su esguince. Incluso habrá quienes se atrevan a afirmar que todo se debió a una magistral dirección de Sergio Rodríguez en la segunda mitad del encuentro. Pero yo no diré nada de eso. Para mí esto y lo de toda la temporada es, ha sido y será obra de Pablo Laso, de este ex base que llegó a un Madrid sumido en una gran sequía de títulos y aquejado de una grave crisis de identidad; un Real Madrid excesivamente joven, nervioso y falto de experiencia; demasiado acostumbrado a fracasar en los momentos clave de la temporada y a no dar el do de pecho cuando los campeones brillan con luz propia. Sí, Pablo cogió un equipo a la deriva y le dio las coordenadas necesarias para poner rumbo a la victoria.

Primero fue la Copa del Rey, ante el eterno rival, ése que en los últimos años había humillado hasta la saciedad al equipo merengue y que de repente vio cómo cambiaban las tornas, recibiendo un duro correctivo por parte de los blancos en el lugar menos esperado, un Palau hasta la bandera de aficionados culés que tuvieron que marcharse a casa con el rabo entre las piernas y que a punto estuvieron de presenciar una nueva derrota de su equipo en liga en regular. Pero no fue así. El Madrid dejó escapar su gran oportunidad de terminar primeros y tener la ventaja de campo durante todos los playoffs.

Y llegó la hora de la verdad, el tiempo de los jugones, que diría mi admiradísimo Andrés Montes. Tras deshacerse de manera más o menos cómoda del Banca Cívica llegó el Caja Laboral de Ivanovic y saltaron todas las alarmas. Primer partido en el Palacio de los Deportes y los blancos perdían la ventaja de campo. Aún así, consiguieron remontar en el segundo encuentro y llevarse una victoria que les daba una mínima posibilidad de alcanzar la tan ansiada final. Primer encuentro en Vitoria y nueva derrota merengue, con polémica arbitral incluida. Y así alcanzamos el cuarto encuentro de la serie, el todo o nada para los blancos en una cancha casi inexpugnable. Una primera mitad para olvidar. Un pabellón hasta la bandera en contra. A pesar de todo, este equipo joven e inexperto supo sacar fuerzas de flaqueza, sobreponerse a la adversidad y echar por tierra todos los pronósticos. Sí, Velickovic cuajó un encuentro maravilloso con un 22 de valoración, un 100% en tiros de dos y un 57% en triples. Y sí, Sergio Rodríguez nos regaló su mejor cara, con un 83% en tiros de tres y una gran dirección de equipo. Y sí, Mirotic volvió a ser ese jugador todoterreno que hace de todo y todo lo hace bien. Incluso Tomic estuvo más entonado que de costumbre. Pero yo me sigo quedando con Laso, con ese entrenador que ha convertido a un grupo de chavales que juegan muy bien al baloncesto en un equipo y que, sobre todo, les ha otorgado esa fe en la victoria tan imprescindible para alzarse con los títulos que todos esperan de los blancos.

Ganar al Caja Laboral por 10 puntos en su casa cuando te juegas el todo por el todo no es fácil. Pase lo que pase, me quito el sombrero ante Pablo y sus chavales. No sé hasta dónde llegará el barco merengue, pero con un capitán así es difícil no arribar a buen puerto.

lunes, 30 de mayo de 2011

Semifinales Playoffs ACB: Real Madrid 66 - Bizkaia Bilbao Basket 71

No es que quiera excusar a los tan irregulares como faltos de personalidad jugadores del Real Madrid de baloncesto. Es sólo que estoy firmemente convencida de que el principal culpable de los últimos ridículos deportivos protagonizados por el equipo blanco es el mequetrefe de Molin.

Después del estrepitoso fracaso de la Final Four y de un final de temporada al más puro estilo de Jeckyl y Hyde, en el que el Madrid nos brindó momentos gloriosos de baloncesto mezclados con minutos total y absolutamente penosos, llegamos a unos Playoffs harto inciertos marcados por un Llull en estado de gracia, un Carlos Suárez desaparecido en combate y un rendimiento más que mediocre del resto de merengues del equipo.

Aún así, el empuje de Llull fue suficiente para colocar a un desdibujado Real Madrid en las semifinales de la ACB e incluso para ganar el primer encuentro de las mismas frente al Bizkaia Bilbao Basket.

No obstante, si tensas mucho una cuerda, ésta acaba rompiéndose y eso fue justo lo que ocurrió este domingo a las 20:30 h en la Caja Mágica.



A pesar de que Llull comienza a parecerse más a un extraterrestre que a un jugador de baloncesto, marcando triples imposibles, planeando en vuelos interminables hasta la canasta contraria, corriendo a la velocidad del correcaminos y defendiendo como un auténtico animal; un Madrid cuyo ataque se redujo a la inspiración del menorquín y algún leve síntoma de recuperación de Suárez y totalmente inoperante en defensa vio cómo el Bilbao le metía casi 20 puntos de diferencia en la primera mitad sin que Molin se molestara siquiera en intentar cortar la racha de los vascos con un tiempo muerto que sólo se dignó a solicitar cuando la brecha en el marcador se antojaba casi imposible de salvar.

Aún así, siguiendo las directrices de un encorajinado Prigioni y con el seguro de vida que implica poner a Fisher en pista, perfectamente acoplado a un cada vez más centrado Mirotic, sin olvidar, por supuesto, el acierto del todopoderoso Llull, el Madrid se entretuvo en volver a igualar el encuentro en un tercer cuarto para enmarcar, llegando al último cuarto con una opción más que clara de ir a Bilbao con un 2-0 de ventaja.



Y aquí es donde entra mi admiradísimo Molin. Si has remontado el encuentro con Fisher y Mirotic en pista, lo mejor que puedes hacer para ganar el partido es sentar a ambos durante la mayor parte del último cuarto para sacar a Manos-de-gacha-Tomic y No-me-entiendo-con-Tomic-ni-por-señas-Felipe-Reyes. Y no sólo eso. Cuando ves que el croata no coge un rebote ni por casualidad, que no mete canasta ni estando solo debajo del aro y que su concepto de una buena defensa es hacer faltas en ataque, tú lo dejas en pista hasta que quedan menos de 40 segundos de encuentro y entonces, y sólo entonces, sacas a Fisher. Por supuesto, también has visto la versión más fallona de Felipe, pero le dejas en pista hasta que se autoelimina por faltas. Total, Mirotic-Fisher sólo habían formado una pareja perfecta debajo de los tableros durante el tercer cuarto. Mejor que sigan siendo la pareja perfecta en el banquillo.

Y para lo de Begic es que no tengo palabras. Messina da de baja a Garbajosa para fichar a este gigante bosnio y luego tanto él como su sucesor Molin lo anclan al banquillo pase lo que pase. En esta ocasión, para más inri, lo hizo bastante bien durante los tres minutos y medio que estuvo en pista. Pero mejor dejar al fantástico Tomic y ver cómo nos dan hasta en el carnet de identidad.



Sé que era la crónica de una derrota anunciada, pero cuando ves que el equipo reacciona, que le echa huevos y tira para adelante y que es el entrenador quien sienta a dos de los pilares de la remontada y se cruza de brazos hasta el final del partido, la cara de idiota que se te queda cuando suena el último pitido es de campeonato.

Si a Florentino Pérez le interesara mínimamente el baloncesto pondría a este nuevo cáncer italiano de patitas en la calle, pero como sólo tiene ojos para el galáctico Cristiano imagino que los aficionados madridistas no podremos volver a pisar la Caja Mágica esta temporada. A menos que el Madrid imite a la selección española de baloncesto del europeo de Polonia y gane, no gracias, sino a pesar del italiano del banquillo. Ha ocurrido antes. Puede volver a ocurrir. También puede que todo termine el jueves.

domingo, 8 de mayo de 2011

Final Four: Maccabi 82-Real Madrid 63

Había costado mucho llegar hasta allí. 16 años, si las cuentas no me fallan, y cinco duros partidos ante el Power Electronics Valencia, entre otras muchas cosas. Los jugadores del Madrid llegaban a Barcelona ilusionados, con hambre de títulos, conscientes de que estaban ante una gran oportunidad de alzarse con la Copa de Europa y sabiendo lo que tenían que hacer para ganar la Final Four. Así lo aseguraban Carlos Suárez, Sergio Llull y Felipe Reyes. Desgraciadamente para los aficionados madridistas, nada de esto sirvió para nada cuando llegó la hora de la verdad.



Con las gradas teñidas de amarillo, el Madrid salió con más ganas que estrategia y tras ponerse por delante durante los primeros minutos del encuentro, cedió el protagonismo al equipo israelí, que empujado por su vociferante afición, acabó ganando el encuentro.

Sólo Felipe Reyes y Prigioni supieron dejar a un lado los nervios y hacer un partido serio. Felipe se partió el pecho bajo los tableros, peleando cada rebote como si fuera el último del partido y sacando fuerzas de flaqueza para luchar hasta el final. Pablo volvió a dar una clase magistral de cómo ser el base perfecto, dirigiendo al equipo, defendiendo a muerte y enchufando algunos triples espectaculares que evitaron que el Madrid se descolgara en el marcador en la primera mitad del encuentro.

Lamentablemente, la juventud e inexperiencia del resto de la plantilla madridista fue demasiado evidente. Tomic continuó siendo el pívot blandito que ha sido siempre, encestando sólo cuando los rivales le dejaban algo de espacio o conseguía fabricarse un tiro de media distancia, creando un agujero negro bajo los aros que Felipe no era capaz de llenar sin la ayuda del croata. Sergio Llull lo intentó todo por activa y por pasiva, pero sin ningún tipo de acierto. Aunque supongo que las grandes decepciones fueron Carlos Suárez y Mirotic. El primero, aterrorizado ante la idea de fallar los tiros decisivos, optó por no tirar prácticamente nada y esconderse detrás de buenos pases que sus compañeros no acababan de convertir en canasta. Sólo cuando dejó de pensar por un instante salió el Bird que lleva dentro, marcando un triple imposible que, por un momento, me hizo creer que la remontada era factible. Me equivoqué. Fue sólo un espejismo. Carlos volvió a pensar y se entregó al miedo al fracaso, delegando la responsabilidad de luchar por la victoria en los demás miembros del equipo. En cuanto a Mirotic, poco se puede decir. Jamás lo había visto tan desquiciado como el viernes. Presa del pánico, tiraba sin orden ni concierto lo poco que llegaba a sus manos, contagiando a sus compañeros su nerviosismo y precipitación y haciendo más abultada la diferencia en el marcador. Tampoco asumieron su responsabilidad como tiradores ni Tucker ni Sergio Rodríguez, ni ningún otro miembro de la plantilla blanca. Incluso Fisher se entretuvo en hacer uno de los peores partidos de la temporada, con acciones tan desacertadas como la pérdida de balón nada más sacar de fondo, seguida de canasta más falta personal.

Molin, por supuesto, una vez más, no supo gestionar a sus pupilos, cambiando a los jugadores en pista sin ningún tipo de criterio y siendo incapaz de imponer orden o calma entre sus filas.

Siempre a remolque, el Madrid jugó al acordeón, acercándose y alejándose en el marcador, hasta que el Maccabi fue consciente de que realmente podía ganar el partido y, a base de triples y penetraciones rápidas, hundió al Madrid en la miseria consiguiendo un merecido pase para la final del domingo.



Al equipo blanco sólo le queda el consuelo de que todos los grandes campeones han perdido alguna final antes de alzarse con el triunfo, pero la forma en la que se perdió el viernes puede tener graves consecuencias para moral del equipo de cara a afrontar los inminentes playoffs de la liga ACB. Esperemos que un triunfo ante el Montepaschi sirva para cicatrizar las heridas. Aunque mucho tendrá que cambiar la mentalidad de los blancos para conseguirlo.

lunes, 14 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: sábado 12 de febrero



Aunque con un poco de retraso y ya sin ninguna posibilidad de que el análisis de lo que ocurrió el sábado sirva para predecir lo que sucedería el domingo, ahí va mi pequeña crónica de las semifinales de la Copa del Rey de baloncesto:

- Real Madrid 69-Power Electronics Valencia 59: El Valencia sorprendió desde el pitido inicial al ser capaz de ofrecer un partido muy completo, tanto en ataque como en defensa, lo que le permitió liderar el marcador durante los tres primeros cuartos del encuentro. Aún así, se cumplió mi mayor temor y Víctor Claver volvió a ser una tenue sombra de sí mismo. Con un mísero 3 de valoración, un 0/4 en triples, un 1/2 en tiros libres y un par de estupidísimas pérdidas de balón, el valenciano volvió a demostrar su infinita capacidad para cagarla en las grandes ocasiones. Muy lejos quedaba su 32 de valoración del jueves y si el equipo taronja aplastó al Madrid durante más del 75% del partido desde luego no fue gracias a la contribución de su supuesto líder. No obstante, el Real Madrid acabó demostrando que un mayor presupuesto, a veces, es sinónimo de una mayor calidad baloncestística y es que los de blanco no necesitaron esforzarse demasiado para darle la vuelta al marcador y terminar ganando por 10 puntos, después de haber llegado a perder por 13. Los artífices del pequeño milagro fueron los tres grandes magos de Messina en esta Copa: Suárez, Mirotic y Rodríguez. Los dos primeros, con su 17 y 18 de valoración, respectivamente, volvieron a demostrar su extraordinario estado de forma, amén de una sangre fría impropia de su juventud y falta de experiencia en un grande de la liga. El tercero, a pesar de su paupérrimo 1 de valoración, contagió, una vez más, a sus compañeros de la electricidad de su juego, contribuyendo, en gran medida, a crear un clima anímico propicio a la remontada. A pesar de ello, me sigo quedando con el partidazo de Suárez y con ese momentazo en el que, a falta de unos cuatro minutos para el pitido final, se dirige hacia los aficionados merengues de la grada levantando los brazos hasta lograr una sonora ovación de apoyo al equipo. Esa furia, esa rabia, ese afán competitivo, ese coraje, ese hambre de títulos y esa valentía no se veían por Madrid desde los mejores tiempos de Sergio Llull, hace ya algunos meses. Por eso sigo pensando que el regreso de los blancos a la élite del baloncesto europeo pasa necesaria y casi exclusivamente por el de Aranjuez. Lástima que aún no haya terminado de llegar su clímax.

- Regal FC Barcelona 92-Caja Laboral 73: El que no necesitó despeinarse lo más mínimo fue el Barcelona. Ya en el primer cuarto dejaron muy claras sus intenciones y aplastaron sin ningún tipo de piedad al último equipo capaz de arrebatarles un título. No obstante, el inmenso amor propio del Caja Laboral, unido a una intensa defensa y un mayor acierto en triples, consiguió reducir al mínimo la diferencia y mantener a los vascos pegados a los culés durante el segundo cuarto y el principio del tercero. Después de eso, el mayor presupuesto volvió a comerse al menos dotado económicamente, volviendo a demostrar que, a veces, los euros sí garantizan el éxito deportivo. Aunque si de algo valió este partido fue para engrandecer un poco más la leyenda de ese pequeño gran hombre llamado Juan Carlos Navarro. El de Sant Feliu volvió a demostrar que ha nacido para ser uno de los grandes de todos los tiempos y, con un 26 de valoración, ejerció plenamente su liderazgo, dirigiendo con sumo acierto a sus compañeros y contagiándoles parte de su magia. Triples imposibles, bombas imparables y una envidiable capacidad de resolución volvieron a hacer a Juan Carlos merecedor de los gritos de "MVP, MVP" que corearon los aficionados al final del encuentro. Poco importa lo que después ocurrió en la final. Puede que sin este partidazo del escolta blaugrana la historia hubiera sido muy distinta. Muy destacable fue también el papel de un cada vez más rodado y lleno de confianza Anderson, que con un 20 de valoración se convirtió en el segundo mejor jugador de su equipo.