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miércoles, 13 de junio de 2012

Barcelona 81-Real Madrid 80



El estratosférico triple de Huertas. Eso es de lo que hablaba todo el mundo. Entendedme bien, no es que quiera quitarle mérito al brasileño, pero es que si hay un culpable de esta dolorosa derrota madridista, ése es mi admiradísimo Llull. Sí, el menorquín que, en tantas ocasiones, ha sacado la patata del fuego a los blancos se equivocó y cometió un error de principiante.

El Madrid ganaba de 2. No necesitaban un triple. Bastaba con una penetración. Si encestaba, ya estaba hecho. Si le hacían falta, sólo tenía que encestar los tiros libres. Bastaba con eso, pero no. Llull se empeñó en ganar a lo grande, con un triple que no le entró y que dio pie a ese otro triple del que todo el mundo habla. Sí, Sergio se equivocó y su error les costó la derrota a los blancos. Aunque el del menorquín no fue el único error de principiante del partido. Antes de eso, los merengues se habían dejado arrebatar una ventaja de casi 20 puntos sin ser capaces de presentar la más mínima oposición.

El Barça, con un Navarro medio cojo, demostró que no están aquí por casualidad. Los blaugranas, más experimentados en estas lides, supieron esperar el momento de hincarle el diente al equipo de Laso y, una vez que lo hicieron, no soltaron la presa hasta el último suspiro. Fue una lucha titánica, llena de fe y orgullo, que terminó con una supuestamente injusta derrota blanca y digo supuestamente porque no tengo tan claro que unos jugadores que cometieron imperdonables errores infantiles merezcan la victoria. Los catalanes creyeron en sus posibilidades hasta el final y el milagro llegó de la mano de Marcelinho.

¿Un triple que vale un campeonato? Puede ser, pero de momento está claro que el Barça gana de calle al Real Madrid en cuanto a oficio se refiere. Esperemos que Pablo y sus muchachos hayan aprendido la lección.

lunes, 20 de febrero de 2012

Copa del Rey Baloncesto Barcelona 2012: La gran final: FC Barcelona Regal 74-Real Madrid 91



Y, finalmente, lo hicieron. Se saltaron todos los pronósticos, reventaron las estadísticas más adversas y rompieron una maldición que ha pesado sobre sus cabezas durante casi dos décadas. No se trata sólo de la victoria frente al eterno rival en casa del eterno rival. Tampoco es importante haber deshecho su empate en este tipo de títulos. Lo único relevante fue la forma de conseguirlo.

Antes de Laso, en cuanto los merengues veían una camiseta blaugrana, comenzaban a temblar. Ayer quienes temblaban eran los culés. No entiendo las causas de esta fascinante metamorfosis, pero sé que el único culpable se llama Pablo. Es un defecto que tengo, siempre culpo al entrenador de lo malo y le adjudico lo bueno. Si los protagonistas son los mismos y sólo ha cambiado la cabeza que cavila sobre el banquillo creo que la única explicación lógica es adjudicar a tal testa el mayor mérito que puede atribuirse un entrenador: conseguir que sus jugadores crean en ellos mismos y jueguen como un equipo.

Sí, el Madrid, ayer, no le dio al Barça ni una sola oportunidad. Los blancos se llevaron el primer balón del encuentro y lideraron en todo momento el marcador. Podría hablar de los triples de Llull y de Carroll, pero sería engañoso. La victoria del Madrid comenzó con una férrea defensa, una lucha a muerte por cada pelota, apretando con saña entre los dientes el cuchillo más afilado con el que podían haber soñado los merengues: la humillación ante tu público, lo que ellos mismos habían sufrido el año anterior.

Mereció la pena esperar tanto tiempo sólo para contemplar cómo enmudecía un Palau hasta la bandera. Y todo a base de defensa y triples, de ese baloncesto sumamente ofensivo que se construye desde atrás, pero que sólo parece mirar hacia delante, un baloncesto que con 91 puntos aún consigue ganar por 15.

Enorme decepción de los aficionados culés. Navarro, una vez más, convertido en una sombra de sí mismo, por mucho que se empeñe en afirmar que está totalmente recuperado de su fascitis plantar. El resto del equipo, corriendo de un extremo a otro de la cancha sin orden ni concierto y rezando para que la paliza no terminara de ser histórica. Si no hubiera sido, nuevamente, por los triples de Lorbek y la magistral defensa de Ndong no quiero ni pensar en cómo habría acabado la cosa.

La reacción del Barça en el segundo cuarto, llegando a colocarse a un solo punto de distancia, fue sólo un espejismo que se esfumó antes de que pudiéramos terminar de admirarlo. Y es que Llull estaba siempre ahí para poner las cosas en su sitio. No pensaba volver a la capital sin el trofeo y lo dio todo para conseguirlo. Él y Carroll demostraron que el Madrid puede ganar títulos sin Rudy, porque ya cuenta en sus filas con dos de los pistoleros más rápidos del Oeste.

19 años después, la Copa del Rey de baloncesto regresa a Madrid y tengo la impresión de que éste puede ser el primero de una interminable serie de títulos. Ojalá no me equivoque.

En cualquier caso, quiero dar las gracias a una plantilla excepcional desde el punto de vista tanto humano como deportivo; pero, sobre todo, a Pablo Laso, por devolvernos a lo más alto a base de fe, coraje y trabajo duro. Ya es oficial: me he convertido en fan incondicional.

martes, 3 de mayo de 2011

Partido de ida de semifinales de la Champions: Real Madrid 0-Barcelona 2



No nos engañemos. Digan lo que digan las crónicas, el gran protagonista del encuentro, para bien y para mal, fue Mourinho. "El puto jefe, el puto amo, el que más sabe del mundo", según palabras de Guardiola, no sólo consiguió que el gentleman por excelencia de la ciudad condal perdiera la mesura y la educación que le caracterizan un día antes del partido de ida de las semifinales de la Champions, sino que volvió a revolucionar los cimientos del fútbol, saliendo a defender en casa un empate a cero que, más que beneficioso para el Madrid, daría una clara ventaja al Barcelona en el partido de vuelta.

No me entiendan mal. Admiro profundamente al portugués. Adoro a las personas políticamente incorrectas y él lo es por los cuatro costados, del derecho y del revés, por arriba y por abajo. Además, ha ganado prácticamente todo lo que se puede ganar en el mundo del fútbol (sólo le faltan la liga española y la italiana) y ha conseguido que el Madrid más perdedor de toda la historia vuelva a alzarse con un título. No obstante, me parece una falta de respeto para el público del Bernabéu plantear un partido como el del pasado miércoles.

El Madrid se encerró a cal y canto en su campo y se limitó a dejar que transcurrieran lentamente los minutos. No es que un empate a cero sea un mal resultado, pero había dos claros problemas en la premisa de partida:

1. Por mucho que te encierres, si Messi tiene el día, como así fue, te cose a goles antes de que puedas decir esta boca es mía.

2. Con un empate a cero en la ida, el Madrid necesitaría como mínimo marcar un gol en el Camp Nou para llegar a la final sin tener que recurrir a los penaltis y todos sabemos que al Madrid le cuesta Dios y ayuda acercarse a la portería del Barça cuando los blaugranas juegan en casa.

Teniendo en cuenta estas dos observaciones, a las que habría que añadir que los merengues que pagan por ver jugar a su equipo lo hacen con la vana esperanza de verlo ganar con el mayor número posible de goles, una semana después sigo sin comprender por qué el Madrid salió a defender a muerte un cero a cero que le ponía muy cuesta arriba la eliminatoria.

Lo más sorprendente del caso es que el Madrid, a pesar del abrumador dominio del Barcelona, consiguió aguantar el resultado hasta la expulsión de Pepe.

Sé que los auténticos campeones nunca se escudan en un mal arbitraje para justificar una derrota y yo no voy a hacerlo. El Madrid perdió porque no atacó, porque se encerró atrás desde el primer segundo, porque careció de la ambición necesaria para ganar, porque fue peor que el Barça y porque Cristiano Ronaldo no es Leo Messi. Todo esto es cierto, notorio y palmario. Tanto como el hecho de que la entrada de Pepe a Alves es amarilla, no roja directa. El juego peligroso es amarilla no roja. Lo de si es falta o no, si Pepe toca o no a Alves no está nada claro.

Dicen los aficionados culés que, en cualquier caso, Pepe se merecía la expulsión por guarro. Puede que tengan razón, pero que yo sepa el Reglamento de la FEF, en caso de juego sucio, sólo contempla la tarjeta amarilla por reiteración de pequeñas faltas y tarjeta roja cuando haya dos amarillas. No es el caso. Y Mourinho, ante la manifiesta injusticia, hizo lo único que podía hacer: denunciar lo intolerable. Le costó la expulsión, ¿y qué? Callarse no era una opción. Aguantar estoicamente los "Así, así, así gana el Madrid" cuando el único que recibe ayudas arbitrales partido tras partido es el Barça no es de recibo.

Con Pepe y Mourinho lejos del césped (más el primero, porque el segundo se limitó a sentarse en las gradas), sólo era cuestión de tiempo que el mago Messi agitara su varita para sacarse dos goles de la chistera, dejando casi sentenciada la eliminatoria.

Tras el partido, el protagonismo siguió perteneciendo al "puto jefe, el puto amo", que siguió ganando la Champions que se juega fuera del terreno de juego. Se puede decir más alto, pero no más claro.

¿Qué veremos dentro de un rato en el Camp Nou? Imagino que un Madrid tan asustado como entregado, dispuesto a afrontar su fatídico destino, y un Barça anhelante de hacer leña del árbol caído. ¿Nos ganarán por cuatro o por cinco? No lo sé, ni me importa. Ahora mismo sólo puedo pensar en que el año pasado Mourinho, al frente del Inter, eliminó al Barça de la Champions en el partido de vuelta de las semifinales que, curiosamente, se jugaba en el Camp Nou. El año pasado el portugués no se limitó a hablar fuera del terreno de juego. Aún mantengo la esperanza de que la historia vuelva a repetirse. Puede que me equivoque. O puede que no.

domingo, 24 de abril de 2011

Final de la Copa del Rey: Real Madrid 1-Barcelona 0 (20-04-2011)


Creo que no hay mejor resumen de lo acontecido en Mestalla el pasado miércoles que el realizado por Mourinho poco después de concluir el encuentro. La primera mitad fue del Madrid, la segunda del Barça y en la prórroga, como suele ocurrir en todas las prórrogas, el primero que marcó acabó llevándose el partido. Poco más se puede decir.
El Madrid volvió a salir al campo sin ningún complejo de inferioridad ni miedo de ningún tipo y con muchas ganas de demostrar que este equipo, a pesar de su juventud e inexperiencia en cuanto a grandes finales se refiere, está más que preparado para empezar a ganar títulos. Esta desmedida ambición se tradujo en un dominio apabullante del equipo blanco durante toda la primera mitad del encuentro. El entrenador luso continuó jugándose el ser o no ser con Pepe en el centro del campo e incorporando a Özil de titular como principal novedad respecto del derbi del sábado anterior. Muchas fueron las ocasiones de peligro que crearon los merengues, pero el gol, al igual que cuatro días antes en el Bernabéu, continuaba siéndoles esquivo.
En la segunda mitad, el cansancio comenzó a hacer mella entre los de Mourinho, que se vio obligado a sustituir antes de tiempo a un agotado Özil. El bajón del equipo blanco fue aprovechado por los culés, que dominaron completamente la segunda mitad hasta el minuto 40, en que el Madrid sacó fuerzas de flaqueza para crear algo de peligro, generando una clarísima ocasión de gol de las botas de Kaká. No obstante, la cosa volvió a acabar en tablas, esta vez sin goles.
Después vino la conjura de los dos eternos rivales, cuyos jugadores hicieron piña alrededor de sus respectivos técnicos, antes del comienzo de la prórroga, para fijar la estrategia de los últimos 30 minutos de partido, mientras algunos futbolistas eran tratados por los fisios para paliar los dolorosos efectos de los calambres propios de estos largos e intensos partidos.
Comenzó la prórroga y el Madrid volvió a recuperar el dominio de la situación, creando más ocasiones que un Barça que ya comenzaba a pensar en quién tiraría los penaltis decisivos. No obstante, el peligro no terminaba de materializarse, hasta que un cabezazo de Cristiano Ronaldo, tras un pase magistral de Di María, casi al final de la primera mitad de la prórroga sentenció el encuentro.

Los de Guardiola, estupefactos ante el inesperado cambio de guión, intentaron revertir la situación en los últimos 15 minutos de partido, creando algunas ocasiones de gol que no consiguieron materializar. Muchas prisas, poco tiempo y la decepción de la primera derrota del equipo de Messi en una final.
¿Fue justa la victoria blanca? Puede que no. La igualdad entre ambos equipos quedó más que patente a lo largo de los 120 minutos de juego; pero, para mi gusto, fueron los blancos los que persiguieron con más ahínco la victoria, conscientes de que se encontraban ante la oportunidad más clara para ganar un título esta temporada, de ahí la enorme alegría con la que los merengues celebraron esta cara victoria.
La decepción de los culés, por el contrario, fue mayúscula. Demasiado acostumbrados a la victoria en los últimos tiempos, sus caras reflejaban la desolación más total y absoluta, especialmente en el caso del endiosado Guardiola.

Pero la vida sigue y los calendarios de las diferentes competiciones deportivas no se alteran, por lo que el tiempo para llorar la derrota o celebrar la victoria es mínimo y el próximo miércoles los dos equipos más importantes de este país volverán a verse las caras en un fratricida duelo europeo para decidir cuál de los dos tiene más derecho a estar en la final de la Champions, si el campeón de Copa o el casi seguro campeón de liga.
Esperemos que si los blancos vuelven a alzarse con otro título, Sergio Ramos no lo tire de nuevo por la borda.

miércoles, 20 de abril de 2011

Real Madrid 1-Barcelona 1 (16 de abril de 2011)



He de reconocer que no tenía ninguna fe en que el Madrid fuera capaz de plantarle cara al todopoderoso Barça de Guardiola. La sombra del ridículo del 5-0 en el Camp Nou era alargada y nada indicaba que la historia fuera a ser diferente en casa. Afortunadamente, me equivocaba.
Por primera vez en los últimos cinco años, los jugadores del Madrid saltaron al terreno de juego sin miedo ni complejos de ningún tipo. Convencidos, por fin, de que la mejor defensa es un buen ataque, no se encerraron atrás, sino que adelantaron las líneas y durante una impecable primera mitad anularon completamente al equipo culé. Desgraciadamente, el gol no estaba de parte de los blancos.
En los segundos 45 minutos del encuentro la historia fue muy distinta. Todo lo logrado hasta el momento se vino abajo con un penalti de libro sobre Villa en el minuto 52, con la correspondiente merecida expulsión de Albiol (que encima se perderá la final de Copa), lo que dejó al Madrid con 10 jugadores y por debajo en el marcador después de que Messi, como era de esperar, marcara el penalti.

Aún así, el Madrid no bajó los brazos y continuó peleando hasta el final. Ya con las líneas más retrasadas y con mayores dificultades para llegar hasta la portería azulgrana, el equipo blanco mantuvo el tipo y no dejó demasiadas opciones a un Barça bastante espeso y falto de ideas. Sin el rugir de su público, el equipo de Guardiola pareció conformarse en todo momento con una victoria por la mínima, descartando la posibilidad de una nueva humillación al eterno rival y conformándose con atacar lo justo y necesario para mantener encerrado atrás al equipo de Mourinho.
La falta de ambición de los culés se tradujo en un pequeño adelantamiento de las líneas merengues, que acabó desembocando en el penalti de Alves sobre Marcelo en el minuto 81. Cristiano no perdió la ocasión y consiguió empatar un partido que ya parecía claramente perdido.

Aún así, no quedaba tiempo para mucho más y el Barça seguía superando en número al Real Madrid, después de que Muñiz Fernández no se atreviera a expulsar a Alves, no fuera a ser que los blancos acabaran llevándose el gato al agua y amenazaran el plácido camino hacia un nuevo título de liga para los azulgranas.
Efectivamente, no hubo tiempo para mucho más y el partido terminó con unas tablas que acercan al Barça a un nuevo título liguero y perpetúan la sequía de trofeos en la que el Madrid se halla sumido en los últimos años.
Dicen los medios que, aún así, el empate supone una inyección de moral para los de Mourinho; que, por primera vez en mucho tiempo, no fueron aplastados por el galáctico Barça. También dicen las malas leguas que nada de lo que vimos el sábado es indicativo de lo que veremos esta noche en Valencia, pues ambos equipos saben que en la liga todo el pescado está vendido y que es en la Copa y en la Champions donde se juegan las habichuelas. Yo sigo pensando que la inyección de moral de los merengues es previa al 16 de abril y procede directamente de la posibilidad de ganar dos títulos esta temporada si, por primera vez, los blancos consiguen imponerse al equipo de la ciudad Condal. Dicen que para lograrlo Cristiano tendrá que demostrar que puede ser más decisivo que Messi, lo que se me antoja harto imposible.

Otros dicen que es Mourinho el que deberá demostrar que es más listo que Guardiola, ideando un planteamiento táctico más brillante que el del catalán.

Yo creo que es una cuestión de motivación, fe y ambición y que no ganará el mejor ni el más inteligente, sino quien más luche y crea en la victoria.
En cualquier caso, sólo faltan unas horas para ver si los cohetes suenan en Cibeles o en Canaletas.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: la final: Real Madrid 60-Regal FC Barcelona 68


Todo equipo campeón tiene que pagar el precio de perder varias finales antes de empezar a ganarlas. Sólo hay que fijarse en todos los batacazos de nuestra extraordinaria y casi irrepetible selección española de baloncesto antes de conseguir alzarse con su primer título. Esto es en lo único en lo que puedo pensar tras la derrota 60-68 del Real Madrid ante el Barcelona. No es la primera vez (y, desgraciadamente, puede que no sea la última) que los merengues pierden con los blaugranas, pero lo que ocurrió el domingo fue muy diferente de lo acaecido en anteriores ocasiones.
En la final de la Copa del Rey, por primera vez en mucho tiempo, el equipo blanco no salió agarrotado, ni muerto de miedo, ni con ningún complejo de inferioridad, sino que los de Messina saltaron a la pista decididos a plantarle cara a su eterno rival, liderados por un inspiradísimo Tomic y teniendo muy claro que esta clase de partidos se ganan desde la defensa y no desde el ataque, consiguiendo terminar la primera mitad con un más que prometedor empate.
Desgraciadamente para todos los aficionados madridistas, en el tercer cuarto y en el principio del último período se echó por tierra todo lo conseguido hasta ese momento. La relajación defensiva de los de la capital, unida a un desastroso Sergio Llull, permitieron que los blaugranas adquirieran una mínima ventaja que conservaron hasta el final. No obstante, hubo un conato de remontada en los últimos minutos, pero ya era demasiado tarde para ganar un trofeo que se le sigue resistiendo a los blancos.
Sí, se perdió, pero el sabor de la derrota no es tan amargo como en ocasiones precedentes. El equipo luchó y demostró que, en un par de años, los de la capital pueden ser los nuevos dominadores de la liga. Por supuesto, me equivoqué. No hubo duelo Suárez-Navarro. Aunque Carlos fue el mejor de su equipo, con 18 puntos de valoración, el de Aranjuez no estuvo tan brillante como en otras ocasiones y, sobre todo, no consiguió convencer a sus compañeros de que la remontada aún era posible. Lo de Navarro ya es harina de otro costal. Desde las finales de la ACB del año pasado no veía un partido tan penoso del de Sant Feliu. Su -1 de valoración lo dice todo. Y puede que por eso duela aún más la oportunidad perdida. Y es que no todos los días se toma vacaciones el mejor jugador de uno de los mejores equipos de Europa.
Sí, los blancos estuvieron cerca, muy cerca y dudo mucho que la próxima vez que se crucen en el camino del Barça vuelvan a encontrarse con un Navarro tan desastroso; pero no es en eso en lo que tienen que concentrarse los blancos, sino en que si esta vez han estado tan cerca, dentro de unos meses, con un mayor rodaje y conocimiento del juego propio y del de los compañeros, es casi seguro que podrán lograrlo. Como digo, la derrota escuece, pero también sirve para aprender y mejorar. Además, aunque Navarro fue una rémora para su equipo, Anderson y Sada decidieron tomar las riendas y cuajaron un encuentro excepcionalmente bueno, siendo los principales artífices de la victoria blaugrana.

A los madridistas nos queda el consuelo de saber que tenemos un equipo muy joven y con mucha vida deportiva por delante y que, con un poco de fe y el trabajo que se está realizando, los títulos no tardarán mucho en llegar, a pesar de que poco le importe el baloncesto a don Florentino Pérez, más interesado en su móvil y en su reloj que en lo que sucedía en la pista del Palacio de los Deportes. Simplemente vergonzoso y, a la vez, indicativo de por qué no se dedican más recursos económicos y humanos a la sección de baloncesto.
A pesar de ello, con el liderazgo y hambre de títulos de Carlos Suárez, la extraordinaria versatilidad y sangre fría de Mirotic, la cada vez más eficaz electricidad de Sergio Rodríguez, la sorprendente recuperación de Prigioni, la altura y el creciente dominio bajo los tableros de Tomic y los siempre baluartes, a pesar de su bajo estado de forma en los últimos encuentros, Sergio Llull y Felipe Reyes, amén de la colaboración de los demás miembros de la plantilla blanca, considero que, en breve, el cielo es el límite. Mientras, habrá que seguir aplaudiendo el buen hacer de Xavi Pascual.
Afortunadamente, los jugadores lo tienen claro. "Hemos competido y defendido muy bien. Nos habría gustado ganar, era importante, pero hemos competido hasta el final y esto nos tiene que ayudar. No es de la forma que hemos perdido anteriormente, pero esto no vale, estamos para ganar y todos queremos ganar y ese es el único objetivo claro que hay", declaró un Sergio Rodríguez, que no quiso quedarse a ver cómo levantaban la copa los blaugranas. Por su parte, Suárez considera que "ahora hay que analizar lo que hemos hecho mal, pero lo que está claro es que hemos competido y que este partido ha sido distinto a los anteriores. Esperemos que a final de temporada estemos en otra situación. Ningún equipo es invencible, claro que se puede ganar, pero estamos hablando del mejor equipo de Europa, nosotros somos un equipo joven, mucho más joven que ellos y para muchos de nosotros era nuestra primera final y hemos aprendido mucho para otras". Me muero de ganas por ver qué ocurre en junio.

lunes, 14 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: sábado 12 de febrero



Aunque con un poco de retraso y ya sin ninguna posibilidad de que el análisis de lo que ocurrió el sábado sirva para predecir lo que sucedería el domingo, ahí va mi pequeña crónica de las semifinales de la Copa del Rey de baloncesto:

- Real Madrid 69-Power Electronics Valencia 59: El Valencia sorprendió desde el pitido inicial al ser capaz de ofrecer un partido muy completo, tanto en ataque como en defensa, lo que le permitió liderar el marcador durante los tres primeros cuartos del encuentro. Aún así, se cumplió mi mayor temor y Víctor Claver volvió a ser una tenue sombra de sí mismo. Con un mísero 3 de valoración, un 0/4 en triples, un 1/2 en tiros libres y un par de estupidísimas pérdidas de balón, el valenciano volvió a demostrar su infinita capacidad para cagarla en las grandes ocasiones. Muy lejos quedaba su 32 de valoración del jueves y si el equipo taronja aplastó al Madrid durante más del 75% del partido desde luego no fue gracias a la contribución de su supuesto líder. No obstante, el Real Madrid acabó demostrando que un mayor presupuesto, a veces, es sinónimo de una mayor calidad baloncestística y es que los de blanco no necesitaron esforzarse demasiado para darle la vuelta al marcador y terminar ganando por 10 puntos, después de haber llegado a perder por 13. Los artífices del pequeño milagro fueron los tres grandes magos de Messina en esta Copa: Suárez, Mirotic y Rodríguez. Los dos primeros, con su 17 y 18 de valoración, respectivamente, volvieron a demostrar su extraordinario estado de forma, amén de una sangre fría impropia de su juventud y falta de experiencia en un grande de la liga. El tercero, a pesar de su paupérrimo 1 de valoración, contagió, una vez más, a sus compañeros de la electricidad de su juego, contribuyendo, en gran medida, a crear un clima anímico propicio a la remontada. A pesar de ello, me sigo quedando con el partidazo de Suárez y con ese momentazo en el que, a falta de unos cuatro minutos para el pitido final, se dirige hacia los aficionados merengues de la grada levantando los brazos hasta lograr una sonora ovación de apoyo al equipo. Esa furia, esa rabia, ese afán competitivo, ese coraje, ese hambre de títulos y esa valentía no se veían por Madrid desde los mejores tiempos de Sergio Llull, hace ya algunos meses. Por eso sigo pensando que el regreso de los blancos a la élite del baloncesto europeo pasa necesaria y casi exclusivamente por el de Aranjuez. Lástima que aún no haya terminado de llegar su clímax.

- Regal FC Barcelona 92-Caja Laboral 73: El que no necesitó despeinarse lo más mínimo fue el Barcelona. Ya en el primer cuarto dejaron muy claras sus intenciones y aplastaron sin ningún tipo de piedad al último equipo capaz de arrebatarles un título. No obstante, el inmenso amor propio del Caja Laboral, unido a una intensa defensa y un mayor acierto en triples, consiguió reducir al mínimo la diferencia y mantener a los vascos pegados a los culés durante el segundo cuarto y el principio del tercero. Después de eso, el mayor presupuesto volvió a comerse al menos dotado económicamente, volviendo a demostrar que, a veces, los euros sí garantizan el éxito deportivo. Aunque si de algo valió este partido fue para engrandecer un poco más la leyenda de ese pequeño gran hombre llamado Juan Carlos Navarro. El de Sant Feliu volvió a demostrar que ha nacido para ser uno de los grandes de todos los tiempos y, con un 26 de valoración, ejerció plenamente su liderazgo, dirigiendo con sumo acierto a sus compañeros y contagiándoles parte de su magia. Triples imposibles, bombas imparables y una envidiable capacidad de resolución volvieron a hacer a Juan Carlos merecedor de los gritos de "MVP, MVP" que corearon los aficionados al final del encuentro. Poco importa lo que después ocurrió en la final. Puede que sin este partidazo del escolta blaugrana la historia hubiera sido muy distinta. Muy destacable fue también el papel de un cada vez más rodado y lleno de confianza Anderson, que con un 20 de valoración se convirtió en el segundo mejor jugador de su equipo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Copa del Rey 2011: la previa a la final



Y, a falta de una diminuta crónica de lo que ocurrió el sábado en el Palacio de los Deportes de Madrid, creo que merece la pena echar un vistazo a lo que ocurrirá allí dentro de un rato.

Todos están convencidos de que el Barça revalidará el título tras humillar nuevamente al Real Madrid y es muy probable que las malas lenguas tengan razón. Sigo pensando que Messina es incapaz de conseguir mentalizar a sus jugadores para que salgan a la cancha sin ningún tipo de miedo escénico ni complejo de inferioridad. Es más, es muy probable que el italiano sea el principal culpable de la falta de confianza de los merengues y es que no debe resultar nada fácil jugar sabiendo que si ganas es mérito del entrenador y que si pierdes es culpa tuya. Si a las miradas asesinas y despreciativas que Ettore regala a sus jugadores en cada tiempo muerto le unimos la errática e incoherente sucesión de cambios que realiza a lo largo de cada partido, el resultado es que los 12 jugadores blancos no sólo no tienen ni idea de cuál es su papel en el equipo, sino que, además, no saben a qué tienen que jugar. No obstante, la calidad de los merengues es indiscutible y, a lo largo de la temporada, nos han brindado algunos minutos de juego realmente magistrales.

Aunque no creo que nada de esto tenga demasiada importancia esta tarde, porque lo único relevante cuando suene el pitido inicial es lo que hagan Juan Carlos Navarro y Carlos Suárez. El primero ha demostrado en millones de ocasiones su fiabilidad en los momentos más críticos y, sobre todo, su capacidad para ganar él solo un partido, por muy cuesta arriba que se haya puesto. Así que la gran incógnita es qué hará el segundo.

En el enfrentamiento de diciembre, Carlos no es que desapareciera de la pista, es que nunca llegó a aterrizar en la misma, ofreciéndonos uno de sus peores partidos desde que comenzó a vestir la camiseta blanca. Algunos consideran que esto es un claro síntoma de que Suárez aún no está capacitado para liderar a un equipo tan grande como el Real Madrid y puede que tengan razón, pero en lo que llevamos de Copa no es eso lo que yo he visto, sino a un jugador lleno de confianza en sí mismo, hambriento de títulos y con el coraje necesario para luchar por lograr su sueño.

Y es que no debemos olvidar que el de Aranjuez salió del Estudiantes porque en el equipo del Ramiro de Maeztu sus posibilidades de ganar un título eran prácticamente nulas. Podía haberse ido al Barça; pero, según sus propias declaraciones, siempre había sido simpatizante del Real Madrid y quería continuar viviendo en la capital. Así que Carlos aterriza en un Real Madrid venido a menos y acostumbrado a ser vapuleado por el Barça con demasiada frecuencia. Aún así, los blancos, a pesar de su irregular juego y gracias a algunas victorias agónicas, lideran la clasificación de la ACB empatados con el club blaugrana. No obstante, todo el mundo sabe que el Barça es mucho Barça y que será muy difícil que se les vuelva a escapar el título en una final a cinco partidos; por lo que, a día de hoy, la mejor y más segura oportunidad de que los merengues ganen un título es la Copa del Rey.

Estoy segura de que Carlos es consciente de ello y de que saldrá a la pista a dejarse la piel para conseguir levantar su primer trofeo y puede que también su primer MVP. Para ello, tendrá que vérselas con Navarro y demostrar que, a día de hoy, Carlos Suárez ha dejado de ser un proyecto de estrella para convertirse en una realidad. Calidad tiene de sobra, sólo le falta la mentalidad, pero estoy convencida de que ya la ha adquirido.

Así que, señoras y señores, prepárense para ver un vibrante duelo Madrid-Barça o, lo que es lo mismo, Carlos Suárez-Juan Carlos Navarro. No ganará el mejor, sino el que tenga más sed de victoria y estoy convencida de que ése es el que va para mejor triplista de la liga. En un rato veremos si tengo razón o no.

lunes, 3 de enero de 2011

Barcelona 95-Real Madrid 75



Haciendo honor al título de este recién estrenado blog, comenzaré hablando del eterno segundo de esta temporada baloncestística: el Real Madrid. Tras las supuestamente estelares incorporaciones de Carlos Suárez y Sergio Rodríguez y los más mundanos fichajes de Tucker y Fischer y teniendo en cuenta que el resto de jugadores llevan ya un año a las órdenes de Messina, lo mínimo que se podía esperar del equipo merengue era que estuviera en condiciones, no ya de ganar, sino, al menos, de luchar por la victoria frente a cualquier equipo. Desgraciadamente, la realidad dista mucho de esta enorme utopía y es que el equipo blanco del 2010-2011 es capaz de lo mejor y de lo peor. Imbatible en casa, tanto en liga como en Euroliga, se ha entretenido en perder con equipos más que mediocres cuando se aleja de la Caja Mágica, aunque lo del 30 de diciembre en el Palau blaugrana no tiene nombre.

No es que el Madrid jugara mal, es que simplemente no jugó. Se dirá que Carlos Suárez estuvo fatal, que Sergio Llull no dio pie con bola, que Felipe Reyes se cargó innecesariamente de faltas personales, que Prigioni está acabado, que Tomic es un blandito, que Tucker nunca rinde ante los grandes o que Garbajosa está en un pésimo estado de forma. Yo sigo pensando que la derrota por 20 puntos fue culpa única y exclusivamente de Messina, ese supuesto gurú del baloncesto que no sólo es incapaz de leer los partidos y adaptarse a las vicisitudes que puedan surgir a lo largo del encuentro, sino que, con sus inseguridades y falta de criterio, ha conseguido que ningún jugador del Madrid sepa a qué juega el Madrid.

Los blancos salieron derrotados desde el primer minuto, no porque se sientan inferiores a un equipo presuntamente imbatible, sino porque es imposible ganar cuando nadie cree en los planteamientos técnicos de un entrenador especializado en minar la moral de sus discípulos. Tras el parcial de 7-0 de los primeros dos minutos y pico de juego, cualquier persona medianamente normal habría pedido un tiempo muerto, no para replantear la estrategia de juego, sino para evitar el hundimiento anímico de la plantilla y secar la euforia culé. En lugar de eso, Messina prefirió dejar que continuaran transcurriendo los minutos y no paró el partido hasta el ecuador del primer cuarto, cuando el 11-3 del marcador y las dos faltas de Felipe habían hundido en la miseria a todos los merengues.

Después de eso, más de lo mismo. Cambios erráticos, sin orden ni concierto, pocos tiempos muertos y ni un sólo atisbo de fe en la victoria. Si Tomic no puede con los pívots azulgranas, ¿por qué no dejar más tiempo en pista a Mirotic o por qué no obligar al croata a jugar más lejos del aro, donde realmente puede hacer daño? Si Llull no funciona como escolta y Prigioni no lo hace como base, ¿por qué no probar unos minutos con el menorquín de uno y el argentino en el banquillo? Si Garbajosa demostró estar volviendo a su nivel en el Mundial de Turquía, ¿por qué no dejarle jugar más de 10 0 15 minutos por partido? ¿Y por qué no probar con Vidal, si los demás no están funcionando? Aunque la gran pregunta es la de siempre, ¿por qué este Madrid, a pesar de tener mejores jugadores, tiene menos alma que el de Joan Plaza?

Puede que un buen entrenador no baste para ganar partidos, pero está claro que Messina, al igual que su compatriota Scariolo, se basta y se sobra para perderlos. Y es que se puede perder contra el Barça por 20 puntos o incluso por más, pero no se puede aceptar la derrota sin luchar ni un sólo segundo por la victoria y la misión de todo entrenador que se precie es garantizar la lucha hasta el pitido final. El jueves no se perdió nada porque nunca se inició ninguna batalla y eso dice muy poco de un equipo que debería aspirar con ciertas garantías de éxito a alguno de los títulos en liza.

Aunque supongo que hacer un equipo de baloncesto campeón no es la máxima prioridad de un presidente que jamás se ha dignado a aparecer por la Caja Mágica ni por Vistalegre. Está lejos y no te hacen tantas fotos como en el Bernabéu. Mejor preocuparse de Cristiano Ronaldo y compañía, que también son apisonados por el Barça, pero, al menos, venden un montón de camisetas, protagonizan campañas publicitarias de conocidas firmas de ropa interior y salen con tías de pelo Pantene. Ésos también perderán la liga, pero al menos ganarán en número de titulares. Ganar es superfluo. Vender es lo único que importa.