domingo, 19 de febrero de 2012

Copa del Rey Baloncesto Barcelona 2012: Semifinales



Esta vez no hubo sorpresas. Ganaron quienes tenían que ganar. Aún así, fueron dos partidos vibrantes y sumamente competidos, dignos de la Copa del Rey. Unas semifinales de lujo que culminarán con la final que todo el mundo ansiaba. Éstos fueron los resultados de ayer.

FC Barcelona Regal 66-Caja Laboral 57. La verdad es que lo del Caja Laboral es para quitarse el sombrero. Todos los años pierde a varios jugadores fundamentales y, aún así, siempre está ahí. Ayer le plantó cara al actual líder de la liga Endesa. Los vitorianos se pusieron el mono de trabajo y defendieron como animales durante todo el encuentro, secando el habitualmente impetuoso torrente ofensivo del Barcelona. Con una de las peores versiones de Navarro de los últimos tiempos, el Barça sólo consiguió sobrevivir gracias a un inconmensurable Lorbek (que se entretuvo en marcar 26 puntos, con un 4/7 en tiros de 3) y al extraordinario trabajo defensivo de Ndong. Por su parte, el Caja, después de aguantar las embestidas azulgrana durante tres cuartos y medio, acabó desinflándose al final del encuentro, especialmente gracias, una vez más, al desacierto de Teletovic en los tiros libres y en su pérdida de balón a falta de un minuto de la conclusión del partido. Sí, pudieron eliminar al anfitrión, pero no supieron superar el miedo a la victoria y tuvieron que conformarse con el orgullo de haber puesto contra las cuerdas al máximo favorito del torneo. Lástima que no consiguieran hacerle besar la lona.

Real Madrid 92-Banca Cívica 84. Tras un primer cuarto en el que todo hacía presagiar una nueva paliza del Madrid al Banca Cívica, los sevillanos cuajaron un extraordinario segundo periodo, en el que no sólo recuperaron el terreno perdido, sino que incluso llegaron a ponerse por delante en el marcador. No obstante, a base de triples, Mirotic y Suárez devolvieron al equipo blanco el mando del encuentro en un tercer cuarto para enmarcar, que, a la postre, fue determinante para alzarse con la victoria. Ya en el último cuarto, los sevillanos volvieron a acercarse en el marcador, pero era tarde y los triples de Mirotic, junto con la buena defensa de Suárez y las eléctricas penetraciones de Llul, dieron por buenos todos los pronósticos y condujeron al equipo merengue a la tan buscada final.

Y así es como hoy, a las 18 h, los eternos rivales, el Madrid y el Barça, volverán a disputar un encuentro con el que todos los aficionados al baloncesto soñábamos cuando comenzó esta Copa del Rey 2012. ¿Serán los blancos capaces de devolverles la jugada a los blaugranas y robarles el título a domicilio como hicieron ellos el año pasado en Madrid? Todo apunta a que no, pero no hay que olvidar que este año comenzó con una victoria merengue ante el Barcelona, así que ¿por qué no soñar con terminar, de una vez por todas, con la maldición copera?

Pase lo que pase, estoy segura de que, en unas horas, veremos un gran partido de baloncesto. La calidad de los jugadores que habrá sobre el parquet y el espíritu ganador de los dirigentes de ambos banquillos así nos lo aseguran. Que empiece el espectáculo. Es tiempo de baloncesto. Es tiempo de Copa del Rey.

sábado, 18 de febrero de 2012

Copa del Rey Baloncesto Barcelona 2012: Cuartos de final



Bien, al final, la sorpresa no saltó por donde yo pensaba (visto lo visto, está claro que mi futuro profesional como pitonisa Lola sería bastante negro). Sí, ni el Lagun Aro ni el Fuenlabrada, quien dio la campanada fue el Banca Cívica. Los demás se limitaron a leer el guión más convencional. Éstos fueron los resultados de los cuartos de final de una siempre apasionante Copa del Rey.

Caja Laboral 72-Lagun Aro GBC 65. Tras un igualado primer cuarto, los de San Sebastián consiguieron despegarse de sus rivales e irse al descanso con un considerable colchón de diez puntos de ventaja. No obstante, no fue suficiente, ya que los vitorianos reaccionaron en el tercer cuarto, recuperando el terreno perdido y obteniendo, a su vez, un colchón que coqueteaba con los diez puntos (un poco arriba, un poco abajo). Ya en el último cuarto, hubo un amago de reacción por parte del equipo blanquiazul, que llegó a colocarse a un punto de sus vecinos en la segunda mitad del último cuarto. Aún así, la experiencia del Caja en estas lides se hizo valer, siendo ellos quienes, con una mayor sangre fría y un mayor orden en cancha, terminaron llevándose el gato al agua. Y ello a pesar del partidazo de Jimmy Baron y del paupérrimo porcentaje de tiros libres de Teletovic. Y es que Prigioni sigue siendo mucho Prigioni. Nadie como él para tomar las riendas de un partido y conducir a su equipo hacia la victoria.

FC Barcelona Regal 75-Lucentum Alicante 54. No hay mucho que contar y prácticamente nada que decir. Los alicantinos aguantaron un cuarto. Ya tiene mérito, enfrentándose al líder de la Liga Endesa en su casa y en su Copa. Después, dejó de haber partido. Los blaugranas aprovecharon el segundo cuarto para marcar la diferencia que existe entre ambos equipos y el Lucentum ya no fue capaz de volver a respirarle en la nuca al equipo de Pascual y Navarro. A base de triples y tapones, el Barcelona creó un abismo insalvable y presentó su firme candidatura a campeón de la Copa 2012. Y todo ello con un Navarro que, a pesar de continuar mermado físicamente, es capaz de convertirse en el mejor jugador de cualquier encuentro que dispute. Hasta cojo podría ser MVP. Dios salve al rey.

Unicaja 65-Banca Cívica 75. Para mí el marcador más engañoso, pues refleja una proximidad que no terminó de producirse en la realidad. Y es que el Unicaja sólo dio muestras de poder ganar el partido al final del encuentro, más por una pequeña pájara de los sevillanos que por méritos propios. Muy distinto fue el Banca Cívica que vimos ayer de aquel que perdió por treinta puntos con el Real Madrid el pasado domingo. Bien es cierto que el Unicaja no ofreció su mejor versión, con un Freeland totalmente desaparecido desde el punto de vista ofensivo y un equipo empeñado en jugar sin hacer honor a tal nombre. Ni la extraordinaria visión de juego de Garbajosa, ni la experiencia de los jugadores verdiblancos fueron suficientes para frenar a un Calloway en estado de gracia ni para contrarrestar el concienzudo scouting de Plaza. La sorpresa de esta Copa hasta el momento, como decía al principio. La competición del KO en estado puro. Un día tonto y te vuelves a Málaga con la cabeza gacha.

Real Madrid 75-Fuenlabrada 66. Otro resultado engañoso, pues refleja una diferencia mayor de la que vimos sobre el parquet. El Fuenla aguantó el tipo casi hasta al final. Tiró de orgullo y amor propio y demostró que, aunque perdiera el primer día, merecía estar ahí como el que más. Porfirio lo dijo al terminar. Sabor agridulce, pues perdieron, pero lo dieron todo. Nada que reprocharles. Un equipo joven y sin presupuesto que, una vez más, demostró que en el baloncesto no todo se consigue a golpe de talonario. En cuanto al Madrid, aunque salió fuerte, enseguida comenzó a tener dudas y volvió a ofrecernos ese juego racheado al que nos tiene tan acostumbrados últimamente. Afortunadamente para todos los seguidores merengues, apareció ese extraordinario jugador cordobés llamado Felipe Reyes. No tengo calificativos para lo de ayer. Si este hombre midiera unos centímetros más, que temblara Pau Gasol. Nunca he visto tanta lucha y tanto corazón. Da igual que su temporada no esté siendo tan buena como otras veces. Ante las grandes ocasiones, se crece. Su 28 de valoración se queda corto. Sigo pensando que si no hubiera sido por él, el Fuenlabrada estaría ahora en semifinales. En cuanto a Laso, por mucho que lo admire como entrenador (ya que como jugador no llegué a disfrutar de él), alguien debería preguntarle si no le parece curioso que el único partido que el Madrid ha ganado de 30 en esta liga haya sido precisamente aquél en el que Tomic no jugó ni un minuto. Lo de por qué Begic se pasa casi todo el partido en el banquillo lo dejamos para otro día.

jueves, 16 de febrero de 2012

Copa del Rey Baloncesto Barcelona 2012



Por fin llegó el fin de semana (largo, ya que empieza el jueves) que los amantes del baloncesto esperamos durante todo el año. El torneo del KO. El ser o no ser dirimido en un par de horas, que siempre se hacen cortas. Dicen los eruditos que es un torneo injusto. El peor equipo sólo necesita tres buenos partidos para proclamarse campeón. Con un poco de suerte y muchas ganas, cualquiera puede alzar el ansiado trofeo. Muchas veces el campeón de liga se queda fuera el primer día. No gana el mejor, sólo el que menos errores comete en estos cuatro días de infarto. Por eso me gusta tanto la Copa. La incertidumbre es absoluta. Nada de lo que hemos visto a lo largo de la temporada cuenta realmente. Si te levantas con el pie izquierdo o te mira un tuerto te vas a casa con el rabo entre las piernas. Si el pequeño gana no se le reconoce el mérito. Ha sido pura potra. Si lo hace el grande no lo celebra excesivamente. Era su obligación. Ésta es la parte que no me gusta de esta competición. No entiendo por qué muchos se empeñan en denostarla. ¿Que no es un justa? ¿Y desde cuándo lo es el deporte?

En cualquier caso, hoy empieza todo y yo me muero de ganas de poder verlo.

Hoy jueves 16 de febrero, dos platos fuertes.

A las 19 h, Caja Laboral-Lagun Aro GBC, un derbi vasco en el que, como en cualquier otro encuentro fratricida, seguro que saltan chispas. El Caja Laboral ya no es lo que era, mientras que el Lagun Aro continúa sin consagrarse como uno de los grandes, a pesar de que, con cada vez mayor frecuencia, está en las ocasiones más importantes. ¿Mi apuesta para esta tarde? Creo que la sorpresa copera puede saltar por aquí, así que apuesto por una victoria de los de San Sebastián.

Un poco más tarde, a las 21:30 h, podremos disfrutar del FC Barcelona Regal-Lucentum Alicante. Está claro quién es el máximo favorito, aunque para mí todo dependerá del auténtico estado físico de Navarro. En cuanto a los alicantinos, a pesar de su gran temporada, vienen de perder con el Gran Canaria y les ha tocado bailar con la más fea en casa de la más fea. ¿Mi apuesta? Por si no se ha adivinado ya, desgraciadamente, dudo mucho que estos novatos sean capaces de superar la presión del Palau y eliminar a los anfitriones, así que apuesto por los blaugrana.

Y, ya mañana, también a las 19 h, será el turno del Unicaja-Banca Cívica. En la última jornada, el primero consiguió ganar en casa del equipo revelación de la última temporada, el Blancos de Rueda Valladolid. Los sevillanos, por el contrario, recibieron un humillante correctivo por parte del Real Madrid en casa, mientras Plaza ponía cara de resignación ante la incapacidad de su equipo actual para vencer a su ex equipo. Este hecho, unido a que el antiguo Cajasol no se encuentra en estos momentos entre los ocho primeros, mientras que los malagueños ocupan el cuarto puesto, hace que el favorito resulte bastante claro. ¿Mi apuesta? Me quedaría con la boca abierta si el Banca Cívica sobreviviera hasta el sábado, es decir, apuesto por el Unicaja.

Y, para concluir los cuartos, a las 21:30 h de mañana viernes podremos ver un nuevo duelo fratricida, el Real Madrid-Fuenlabrada. Parece que el equipo blanco es el claro favorito, por historia, por presupuesto, por su clasificación en la tabla y por lo hecho en la última jornada; pero lo cierto es que el Fuenla es uno de esos equipos capaces de ganarle a cualquiera si tienen el día. Por otro lado, el Madrid jugará con todo el Palau en contra y es muy posible que le pueda la presión de una tierra más que hostil. ¿Mi apuesta? Desgraciadamente creo que ésta puede ser la segunda gran sorpresa de la Copa 2012, es decir, apuesto por David en vez de por Goliat.

¿Qué pasará? En nada se revelarán todas las incógnitas

sábado, 5 de noviembre de 2011

Marco Simoncelli (20 de enero de 1987-23 de octubre de 2011)



Cuando me aficioné al motociclismo allá por el año 2004 pensé que estas desgracias ya no pasaban, que los accidentes mortales eran cosa del pasado, que el enorme incremento de la seguridad en los circuitos y en las equipaciones de los pilotos impedía que alguien acabara realmente malherido. Me acostumbré a presenciar todo tipo de caídas, algunas de las cuales te dejaban sin respiración, y a ver como, sin casi solución de continuidad, los pilotos implicados se levantaban raudos y veloces para volver a la pista lo antes posible. De vez en cuando, alguno acababa en la clínica móvil con uno o dos huesos rotos y más contusiones de las que yo sería capaz de soportar. Incluso había quien se perdía varias carreras después de que los mejores cirujanos deportivos tuvieran que ensamblar su maltrecho esqueleto con diversos trozos de metal. Sí, creía que lo peor que te podía pasar era perderte media temporada por una tibia rota, una falange seccionada o una clavícula partida. Desgraciadamente, estaba equivocada.

El año pasado fue Tomizawa. Vi el accidente en directo, pero no me pareció tan grave. Pensé que era sólo una caída más, muy aparatosa, es cierto, pero no más que otras muchas que había presenciado con anterioridad. El anuncio de su fallecimiento, en mitad de la carrera de Moto GP me pilló total y absolutamente desprevenida. Simplemente no daba crédito a lo que escuchaba. No me cabía en la cabeza que en pleno siglo XXI un piloto de élite pudiera morir en la pista. Pero así fue y así ha vuelto a suceder.

Con Marco fue distinto. También presencié el accidente en directo y nada más verlo comprendí cuál sería el desenlace. Lo determinante no fue la aparatosidad de la caída, sino que, al igual que Tomizawa, poco más de un año antes, el italiano quedó tendido en el asfalto sin realizar ni el más mínimo movimiento. Fue un terrible déjà vu. Lo que yacía en mitad de la pista no era un piloto gravemente herido, sino un cuerpo inerte, reventado por dentro. La realización tardó mucho en repetir las imágenes del choque y en ningún momento nos ofreció un primer plano del accidentado. Ernest Riveras dijo que le había parecido ver que el italiano había perdido su casco. Todo indicaba que el desenlace sería funesto, por mucho que se dilatara la confirmación de la noticia. Al parecer, los médicos trataron de salvarle la vida durante 45 largos minutos. En realidad, no había mucho que hacer.



Decían que era un piloto excesivamente arriesgado, incluso peligroso, un inconsciente que ponía en peligro a todos los que pilotaban cerca de él. Yo siempre pensé que su problema era que tenía demasiadas ganas de hacerlo bien, de brillar, de volar más rápido que el viento y ganarlo todo. Supongo que esas ganas fueron las que impidieron que soltara la moto y aceptara una caída que seguramente no le habría costado la vida. Pero intentó evitar un nuevo cero dentro de su irregular temporada y se aferró con uñas y dientes a su Honda, estrellándose contra Edwards y Valentino y perdiendo el casco como consecuencia de la brutalidad del choque.

Tenía 24 años. No merecía acabar así. Nadie merece acabar así.

Aunque, como siempre en estos casos, puede que lo más duro sea el drama del superviviente, la culpabilidad de los otros dos implicados en la tragedia, Colin Edwards y su íntimo amigo Valentino Rossi. El primero declaró recientemente: "Los últimos días han sido muy duros, sobre todo las primeras 24 horas después del accidente cuando me vinieron miles de preguntas a la cabeza. Qué habría pasado si hubiera hecho esto o hubiera reaccionado de aquella manera. ¿Podría haber hecho alguna otra cosa? Pero cuando regresé a casa volví a ver el vídeo y encontré la respuesta inmediatamente: no pude hacer nada para esquivar a Simoncelli. Y, como yo, tampoco Valentino Rossi". Y, aún así, siempre queda la duda de qué habría pasado si...

Los lamentos, el luto, los homenajes. Mañana Cheste se concentrará en recordar al italiano. Parece ser que el público asistente se poblará de enormes pelucas rizadas imitando la característica melena de Marco. También habrá un minuto de ruido y casi todos los pilotos adoptarán las más diversas iniciativas para honrar su memoria. También se ha anunciado que el circuito de Misano cambiará su nombre por el de Marco Simoncelli.

En cualquier caso, será difícil olvidarlo. Como declaraba Edwards, "Hemos perdido una estrella luminosa. Marco era muy querido por los aficionados por su personalidad, su carácter y su carisma. A la gente le gustaba verle no sólo por las carreras sino por lo que conseguía transmitir. Marco era una personalidad de las que no abundan en Moto GP, aunque sé que alguno no estará de acuerdo con esto. Me gustaba mucho la forma en la que se relacionaba con los tifosi".

Allá donde esté, descanse en paz.

martes, 6 de septiembre de 2011

España 57-Turquía 65

Hubo un tiempo en el que yo disfrutaba viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. No teníamos a los mejores jugadores del mundo, pero fuimos campeones del mundo; porque, a diferencia de EEUU, sí teníamos el mejor equipo del mundo.

Dicen las malas lenguas que ganamos gracias a Gasol, pero Pau no jugó la final. Todos dudaban de ellos la noche anterior al partido del todo o nada frente a una siempre correosa Grecia, plagada de mastodontes capaces de borrar de un soplido a nuestros, a su lado, escuchimizados chicos. Pero ellos no dudaron. Con nuestro jugador insignia sentado en el banquillo, sus lugartenientes saltaron a la pista sin ningún tipo de miedo o complejo, convencidos de que a la enésima va la vencida y de que, después de tantos y tantos años rozándola con la punta de los dedos, en esta ocasión la gloria no les sería esquiva.

Se puede ganar y se puede perder, pero lo importante es saber hacer ambas cosas y los nuestros no sólo ganaron, sino que inscribieron sus nombres en la historia del baloncesto con letras de platino. No sé con qué disfruté más, si con el partido lleno de seriedad, coraje e ideas claras o con la celebración pletórica de la épica victoria. Y es que si los españoles fueron una piña dentro de la cancha de baloncesto, lo fueron aún más fuera de ella. Y como la piña que eran festejaron un campeonato mundial que unas semanas antes se antojaba más utópico que real.

Luego vino el subcampeonato de Europa de Madrid. Dicen las malas lenguas que a los nuestros les pudo la presión de jugar en casa y que Pepu no supo gestionar adecuadamente a sus jugadores. Como dije antes, yo pienso que se puede ganar y se puede perder, pero lo importante es saber hacer ambas cosas y los nuestros perdieron ante la siempre temible Rusia después de que Pau fallara un tiro sobre la bocina que, de haber entrado, nos habría proclamado campeones de Europa. ¿Fracaso? Yo más bien lo considero mala suerte. ¿Que Pepu se equivocó al dejar que el Gasol más fallón de los últimos tiempos se jugara el tiro decisivo? No lo dudo, pero ¿quién habría dejado que otro se jugara las habichuelas? Sí, perdimos en casa, pero luchamos hasta el final y los jugadores digirieron la inesperada derrota en piña, como siempre. Todos enjugaron las lágrimas de rabia de Pau y le defendieron con uñas y dientes ante los medios de comunicación. Si un año antes se repartieron la victoria a partes iguales, en esta ocasión hicieron lo mismo con el dolor de la derrota y todo resultó más soportable.

Entonces ese cáncer llamado José Luis Sáez decidió que nuestra selección era un barco que navegaba solo, una máquina perfectamente engrasada capaz de funcionar sin ningún tipo de dirección, lo que le permitía prescindir de Pepu aduciendo mil mentiras encadenadas que, a día de hoy, aún hay gente que se cree a pie juntillas. Fichó a un ya pasado de rosca Aíto García Reneses y nos vendió la moto de que nuestra selección se proclamaría campeona olímpica aunque estuviera entrenada por un chimpancé.

Pero desaparecido el mago, desapareció la magia. Teníamos mejores jugadores que en Japón y que en Madrid, pero el equipo era peor. La piña comenzaba a resquebrajarse. La fe desaparecía en los momentos en que más la necesitábamos y el caos se adueñaba del juego de nuestra selección con demasiada frecuencia. Aún así, nos llevamos la medalla de plata poniendo en serios aprietos a la nueva versión del Dream Team. La sombra de Pepu era alargada y todos creímos que esa derrota era una victoria.

Entonces llegó Scariolo, primer seleccionador extranjero y entrenador en activo en Rusia. Pepu, al que Sáez había dado la patada debido a los insistentes rumores que hacían sonar su nombre como próximo entrenador del Unicaja, continuaba en el paro. Aíto era quien estaba en Málaga. La exclusividad necesaria para encargarse de la selección española de baloncesto ya no era tan necesaria. Paradojas de la vida.

Y así llegamos a Polonia y yo dejé de divertirme viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. Irónicamente, nos proclamamos campeones de Europa por primera vez en nuestra historia. Dicen las malas lenguas que Scariolo no será tan malo si logró hacerse con el oro. Cualquiera que entienda algo de este deporte sabrá que nuestra selección se proclamó campeona a pesar del italiano y no gracias a él. Desgraciadamente, en el mundial de Turquía los nuestros no tuvieron fuerzas suficientes para enfrentarse a sus rivales y a sus propios fantasmas. Ni siquiera olimos las medallas. Scariolo dijo que las expectativas generadas en torno a nuestra selección eran excesivamente grandes. De repente no éramos tan buenos. Total, sólo nos avalaban un mundial, un subcampeonato de Europa, una medalla olímpica de plata y un campeonato de Europa.

Dicen las malas lenguas que nuestra selección, ésa que ganó a Grecia con Pau en el banquillo, se reduce a Gasol y que sin él nunca llegaremos a nada. Lo malo es que esas malas lenguas, después de lo de ayer, tienen un argumento más a favor de su estúpida teoría; olvidándose de que, desde que el italiano dirige al conjunto español, ya no somos un equipo, sino un conjunto de grandes jugadores que corren de un lado al otro de la cancha, tiran, rebotean, pasan y defienden sin orden ni concierto, tratando de hacer lo que los entrenadores de sus equipos les han enseñado a lo largo de la temporada, sin darse cuenta de que están en otro lugar, en otras circunstancias y con otros compañeros. No, con Pau o sin Pau ya no somos un equipo. Ya no disfruto viendo jugar a nuestra selección de baloncesto.

Lo de ayer pudo haber ocurrido en la primera jornada, cuando necesitamos 29 puntos de Pau para ganar a una endeble Polonia. Entonces las malas lenguas dijeron que ganamos gracias al liderazgo de Gasol y Navarro, menospreciando al resto de jugadores de nuestra selección, como si uno por uno no fueran notablemente superiores a los miembros del combinado polaco. No, señoras y señores, no nos engañemos, el problema no es que nuestra selección se reduzca a Gasol; sino que, igual que en Turquía, ninguno de los miembros del equipo sabe a qué juega el equipo, porque simplemente no hay estrategia ninguna, ni sistemas defensivos, ni de ataque, ni piña, ni espíritu, ni fe.

Las malas lenguas podrán seguir diciendo que perdimos porque Pau estaba lesionado y no jugó. Yo creo que lo hicimos porque nuestro seleccionador no fue capaz de realizar ningún cambio efectivo en el último cuarto, permitiendo que nos ancláramos en los 57 puntos desde casi el comienzo del último periodo. No pidió tiempo muerto hasta que ya nos habían adelantado en el marcador, no utilizó a Claver ni a San Emeterio en todo el encuentro y se jugó el ser o no ser con un tiro de un cada vez menos acertado Ricky Rubio.

A falta de dos minutos sabía de sobra cuál sería el desenlace. Ya había visto esta película antes, demasiadas veces desde que Scariolo honra nuestro banquillo con su trasero. Y seguirá haciéndolo, porque a Sáez le sale de los huevos o porque puede que volvamos a ganar a pesar del italiano. La sombra de Pepu es alargada y aún quedan muchos miembros de los doce magníficos de Japón.

No sé qué pasará mañana, pero espero no ver más celebraciones como la de los turcos. Se puede ganar o se puede perder, pero hay que saber hacer ambas cosas y nosotros hace mucho que no perdemos dignamente y, sobre todo, que no somos una piña. Sería una pena que los mejores jugadores españoles de todos los tiempos murieran aplastados por el capricho de Sáez de someterlos al desnortado Scariolo. También es triste ganar a pesar de tu seleccionador. Lo siento, pero ya no disfruto viendo jugar a nuestra selección de baloncesto. Quizá con un chimpancé al frente, todo sería mejor.


lunes, 30 de mayo de 2011

Semifinales Playoffs ACB: Real Madrid 66 - Bizkaia Bilbao Basket 71

No es que quiera excusar a los tan irregulares como faltos de personalidad jugadores del Real Madrid de baloncesto. Es sólo que estoy firmemente convencida de que el principal culpable de los últimos ridículos deportivos protagonizados por el equipo blanco es el mequetrefe de Molin.

Después del estrepitoso fracaso de la Final Four y de un final de temporada al más puro estilo de Jeckyl y Hyde, en el que el Madrid nos brindó momentos gloriosos de baloncesto mezclados con minutos total y absolutamente penosos, llegamos a unos Playoffs harto inciertos marcados por un Llull en estado de gracia, un Carlos Suárez desaparecido en combate y un rendimiento más que mediocre del resto de merengues del equipo.

Aún así, el empuje de Llull fue suficiente para colocar a un desdibujado Real Madrid en las semifinales de la ACB e incluso para ganar el primer encuentro de las mismas frente al Bizkaia Bilbao Basket.

No obstante, si tensas mucho una cuerda, ésta acaba rompiéndose y eso fue justo lo que ocurrió este domingo a las 20:30 h en la Caja Mágica.



A pesar de que Llull comienza a parecerse más a un extraterrestre que a un jugador de baloncesto, marcando triples imposibles, planeando en vuelos interminables hasta la canasta contraria, corriendo a la velocidad del correcaminos y defendiendo como un auténtico animal; un Madrid cuyo ataque se redujo a la inspiración del menorquín y algún leve síntoma de recuperación de Suárez y totalmente inoperante en defensa vio cómo el Bilbao le metía casi 20 puntos de diferencia en la primera mitad sin que Molin se molestara siquiera en intentar cortar la racha de los vascos con un tiempo muerto que sólo se dignó a solicitar cuando la brecha en el marcador se antojaba casi imposible de salvar.

Aún así, siguiendo las directrices de un encorajinado Prigioni y con el seguro de vida que implica poner a Fisher en pista, perfectamente acoplado a un cada vez más centrado Mirotic, sin olvidar, por supuesto, el acierto del todopoderoso Llull, el Madrid se entretuvo en volver a igualar el encuentro en un tercer cuarto para enmarcar, llegando al último cuarto con una opción más que clara de ir a Bilbao con un 2-0 de ventaja.



Y aquí es donde entra mi admiradísimo Molin. Si has remontado el encuentro con Fisher y Mirotic en pista, lo mejor que puedes hacer para ganar el partido es sentar a ambos durante la mayor parte del último cuarto para sacar a Manos-de-gacha-Tomic y No-me-entiendo-con-Tomic-ni-por-señas-Felipe-Reyes. Y no sólo eso. Cuando ves que el croata no coge un rebote ni por casualidad, que no mete canasta ni estando solo debajo del aro y que su concepto de una buena defensa es hacer faltas en ataque, tú lo dejas en pista hasta que quedan menos de 40 segundos de encuentro y entonces, y sólo entonces, sacas a Fisher. Por supuesto, también has visto la versión más fallona de Felipe, pero le dejas en pista hasta que se autoelimina por faltas. Total, Mirotic-Fisher sólo habían formado una pareja perfecta debajo de los tableros durante el tercer cuarto. Mejor que sigan siendo la pareja perfecta en el banquillo.

Y para lo de Begic es que no tengo palabras. Messina da de baja a Garbajosa para fichar a este gigante bosnio y luego tanto él como su sucesor Molin lo anclan al banquillo pase lo que pase. En esta ocasión, para más inri, lo hizo bastante bien durante los tres minutos y medio que estuvo en pista. Pero mejor dejar al fantástico Tomic y ver cómo nos dan hasta en el carnet de identidad.



Sé que era la crónica de una derrota anunciada, pero cuando ves que el equipo reacciona, que le echa huevos y tira para adelante y que es el entrenador quien sienta a dos de los pilares de la remontada y se cruza de brazos hasta el final del partido, la cara de idiota que se te queda cuando suena el último pitido es de campeonato.

Si a Florentino Pérez le interesara mínimamente el baloncesto pondría a este nuevo cáncer italiano de patitas en la calle, pero como sólo tiene ojos para el galáctico Cristiano imagino que los aficionados madridistas no podremos volver a pisar la Caja Mágica esta temporada. A menos que el Madrid imite a la selección española de baloncesto del europeo de Polonia y gane, no gracias, sino a pesar del italiano del banquillo. Ha ocurrido antes. Puede volver a ocurrir. También puede que todo termine el jueves.

domingo, 8 de mayo de 2011

Final Four: Maccabi 82-Real Madrid 63

Había costado mucho llegar hasta allí. 16 años, si las cuentas no me fallan, y cinco duros partidos ante el Power Electronics Valencia, entre otras muchas cosas. Los jugadores del Madrid llegaban a Barcelona ilusionados, con hambre de títulos, conscientes de que estaban ante una gran oportunidad de alzarse con la Copa de Europa y sabiendo lo que tenían que hacer para ganar la Final Four. Así lo aseguraban Carlos Suárez, Sergio Llull y Felipe Reyes. Desgraciadamente para los aficionados madridistas, nada de esto sirvió para nada cuando llegó la hora de la verdad.



Con las gradas teñidas de amarillo, el Madrid salió con más ganas que estrategia y tras ponerse por delante durante los primeros minutos del encuentro, cedió el protagonismo al equipo israelí, que empujado por su vociferante afición, acabó ganando el encuentro.

Sólo Felipe Reyes y Prigioni supieron dejar a un lado los nervios y hacer un partido serio. Felipe se partió el pecho bajo los tableros, peleando cada rebote como si fuera el último del partido y sacando fuerzas de flaqueza para luchar hasta el final. Pablo volvió a dar una clase magistral de cómo ser el base perfecto, dirigiendo al equipo, defendiendo a muerte y enchufando algunos triples espectaculares que evitaron que el Madrid se descolgara en el marcador en la primera mitad del encuentro.

Lamentablemente, la juventud e inexperiencia del resto de la plantilla madridista fue demasiado evidente. Tomic continuó siendo el pívot blandito que ha sido siempre, encestando sólo cuando los rivales le dejaban algo de espacio o conseguía fabricarse un tiro de media distancia, creando un agujero negro bajo los aros que Felipe no era capaz de llenar sin la ayuda del croata. Sergio Llull lo intentó todo por activa y por pasiva, pero sin ningún tipo de acierto. Aunque supongo que las grandes decepciones fueron Carlos Suárez y Mirotic. El primero, aterrorizado ante la idea de fallar los tiros decisivos, optó por no tirar prácticamente nada y esconderse detrás de buenos pases que sus compañeros no acababan de convertir en canasta. Sólo cuando dejó de pensar por un instante salió el Bird que lleva dentro, marcando un triple imposible que, por un momento, me hizo creer que la remontada era factible. Me equivoqué. Fue sólo un espejismo. Carlos volvió a pensar y se entregó al miedo al fracaso, delegando la responsabilidad de luchar por la victoria en los demás miembros del equipo. En cuanto a Mirotic, poco se puede decir. Jamás lo había visto tan desquiciado como el viernes. Presa del pánico, tiraba sin orden ni concierto lo poco que llegaba a sus manos, contagiando a sus compañeros su nerviosismo y precipitación y haciendo más abultada la diferencia en el marcador. Tampoco asumieron su responsabilidad como tiradores ni Tucker ni Sergio Rodríguez, ni ningún otro miembro de la plantilla blanca. Incluso Fisher se entretuvo en hacer uno de los peores partidos de la temporada, con acciones tan desacertadas como la pérdida de balón nada más sacar de fondo, seguida de canasta más falta personal.

Molin, por supuesto, una vez más, no supo gestionar a sus pupilos, cambiando a los jugadores en pista sin ningún tipo de criterio y siendo incapaz de imponer orden o calma entre sus filas.

Siempre a remolque, el Madrid jugó al acordeón, acercándose y alejándose en el marcador, hasta que el Maccabi fue consciente de que realmente podía ganar el partido y, a base de triples y penetraciones rápidas, hundió al Madrid en la miseria consiguiendo un merecido pase para la final del domingo.



Al equipo blanco sólo le queda el consuelo de que todos los grandes campeones han perdido alguna final antes de alzarse con el triunfo, pero la forma en la que se perdió el viernes puede tener graves consecuencias para moral del equipo de cara a afrontar los inminentes playoffs de la liga ACB. Esperemos que un triunfo ante el Montepaschi sirva para cicatrizar las heridas. Aunque mucho tendrá que cambiar la mentalidad de los blancos para conseguirlo.