Hay quien dirá que fue mérito del Velickovic más espectacular de los últimos tiempos. Otros dirán que todo fue gracias al partidazo de un Mirotic más que recuperado de su esguince. Incluso habrá quienes se atrevan a afirmar que todo se debió a una magistral dirección de Sergio Rodríguez en la segunda mitad del encuentro. Pero yo no diré nada de eso. Para mí esto y lo de toda la temporada es, ha sido y será obra de Pablo Laso, de este ex base que llegó a un Madrid sumido en una gran sequía de títulos y aquejado de una grave crisis de identidad; un Real Madrid excesivamente joven, nervioso y falto de experiencia; demasiado acostumbrado a fracasar en los momentos clave de la temporada y a no dar el do de pecho cuando los campeones brillan con luz propia. Sí, Pablo cogió un equipo a la deriva y le dio las coordenadas necesarias para poner rumbo a la victoria.
Primero fue la Copa del Rey, ante el eterno rival, ése que en los últimos años había humillado hasta la saciedad al equipo merengue y que de repente vio cómo cambiaban las tornas, recibiendo un duro correctivo por parte de los blancos en el lugar menos esperado, un Palau hasta la bandera de aficionados culés que tuvieron que marcharse a casa con el rabo entre las piernas y que a punto estuvieron de presenciar una nueva derrota de su equipo en liga en regular. Pero no fue así. El Madrid dejó escapar su gran oportunidad de terminar primeros y tener la ventaja de campo durante todos los playoffs.
Y llegó la hora de la verdad, el tiempo de los jugones, que diría mi admiradísimo Andrés Montes. Tras deshacerse de manera más o menos cómoda del Banca Cívica llegó el Caja Laboral de Ivanovic y saltaron todas las alarmas. Primer partido en el Palacio de los Deportes y los blancos perdían la ventaja de campo. Aún así, consiguieron remontar en el segundo encuentro y llevarse una victoria que les daba una mínima posibilidad de alcanzar la tan ansiada final. Primer encuentro en Vitoria y nueva derrota merengue, con polémica arbitral incluida. Y así alcanzamos el cuarto encuentro de la serie, el todo o nada para los blancos en una cancha casi inexpugnable. Una primera mitad para olvidar. Un pabellón hasta la bandera en contra. A pesar de todo, este equipo joven e inexperto supo sacar fuerzas de flaqueza, sobreponerse a la adversidad y echar por tierra todos los pronósticos. Sí, Velickovic cuajó un encuentro maravilloso con un 22 de valoración, un 100% en tiros de dos y un 57% en triples. Y sí, Sergio Rodríguez nos regaló su mejor cara, con un 83% en tiros de tres y una gran dirección de equipo. Y sí, Mirotic volvió a ser ese jugador todoterreno que hace de todo y todo lo hace bien. Incluso Tomic estuvo más entonado que de costumbre. Pero yo me sigo quedando con Laso, con ese entrenador que ha convertido a un grupo de chavales que juegan muy bien al baloncesto en un equipo y que, sobre todo, les ha otorgado esa fe en la victoria tan imprescindible para alzarse con los títulos que todos esperan de los blancos.
Ganar al Caja Laboral por 10 puntos en su casa cuando te juegas el todo por el todo no es fácil. Pase lo que pase, me quito el sombrero ante Pablo y sus chavales. No sé hasta dónde llegará el barco merengue, pero con un capitán así es difícil no arribar a buen puerto.

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