El estratosférico triple de Huertas. Eso es de lo que hablaba todo el mundo. Entendedme bien, no es que quiera quitarle mérito al brasileño, pero es que si hay un culpable de esta dolorosa derrota madridista, ése es mi admiradísimo Llull. Sí, el menorquín que, en tantas ocasiones, ha sacado la patata del fuego a los blancos se equivocó y cometió un error de principiante.
El Madrid ganaba de 2. No necesitaban un triple. Bastaba con una penetración. Si encestaba, ya estaba hecho. Si le hacían falta, sólo tenía que encestar los tiros libres. Bastaba con eso, pero no. Llull se empeñó en ganar a lo grande, con un triple que no le entró y que dio pie a ese otro triple del que todo el mundo habla. Sí, Sergio se equivocó y su error les costó la derrota a los blancos. Aunque el del menorquín no fue el único error de principiante del partido. Antes de eso, los merengues se habían dejado arrebatar una ventaja de casi 20 puntos sin ser capaces de presentar la más mínima oposición.
El Barça, con un Navarro medio cojo, demostró que no están aquí por casualidad. Los blaugranas, más experimentados en estas lides, supieron esperar el momento de hincarle el diente al equipo de Laso y, una vez que lo hicieron, no soltaron la presa hasta el último suspiro. Fue una lucha titánica, llena de fe y orgullo, que terminó con una supuestamente injusta derrota blanca y digo supuestamente porque no tengo tan claro que unos jugadores que cometieron imperdonables errores infantiles merezcan la victoria. Los catalanes creyeron en sus posibilidades hasta el final y el milagro llegó de la mano de Marcelinho.
¿Un triple que vale un campeonato? Puede ser, pero de momento está claro que el Barça gana de calle al Real Madrid en cuanto a oficio se refiere. Esperemos que Pablo y sus muchachos hayan aprendido la lección.
