
Cuando me aficioné al motociclismo allá por el año 2004 pensé que estas desgracias ya no pasaban, que los accidentes mortales eran cosa del pasado, que el enorme incremento de la seguridad en los circuitos y en las equipaciones de los pilotos impedía que alguien acabara realmente malherido. Me acostumbré a presenciar todo tipo de caídas, algunas de las cuales te dejaban sin respiración, y a ver como, sin casi solución de continuidad, los pilotos implicados se levantaban raudos y veloces para volver a la pista lo antes posible. De vez en cuando, alguno acababa en la clínica móvil con uno o dos huesos rotos y más contusiones de las que yo sería capaz de soportar. Incluso había quien se perdía varias carreras después de que los mejores cirujanos deportivos tuvieran que ensamblar su maltrecho esqueleto con diversos trozos de metal. Sí, creía que lo peor que te podía pasar era perderte media temporada por una tibia rota, una falange seccionada o una clavícula partida. Desgraciadamente, estaba equivocada.
El año pasado fue Tomizawa. Vi el accidente en directo, pero no me pareció tan grave. Pensé que era sólo una caída más, muy aparatosa, es cierto, pero no más que otras muchas que había presenciado con anterioridad. El anuncio de su fallecimiento, en mitad de la carrera de Moto GP me pilló total y absolutamente desprevenida. Simplemente no daba crédito a lo que escuchaba. No me cabía en la cabeza que en pleno siglo XXI un piloto de élite pudiera morir en la pista. Pero así fue y así ha vuelto a suceder.
Con Marco fue distinto. También presencié el accidente en directo y nada más verlo comprendí cuál sería el desenlace. Lo determinante no fue la aparatosidad de la caída, sino que, al igual que Tomizawa, poco más de un año antes, el italiano quedó tendido en el asfalto sin realizar ni el más mínimo movimiento. Fue un terrible déjà vu. Lo que yacía en mitad de la pista no era un piloto gravemente herido, sino un cuerpo inerte, reventado por dentro. La realización tardó mucho en repetir las imágenes del choque y en ningún momento nos ofreció un primer plano del accidentado. Ernest Riveras dijo que le había parecido ver que el italiano había perdido su casco. Todo indicaba que el desenlace sería funesto, por mucho que se dilatara la confirmación de la noticia. Al parecer, los médicos trataron de salvarle la vida durante 45 largos minutos. En realidad, no había mucho que hacer.
Decían que era un piloto excesivamente arriesgado, incluso peligroso, un inconsciente que ponía en peligro a todos los que pilotaban cerca de él. Yo siempre pensé que su problema era que tenía demasiadas ganas de hacerlo bien, de brillar, de volar más rápido que el viento y ganarlo todo. Supongo que esas ganas fueron las que impidieron que soltara la moto y aceptara una caída que seguramente no le habría costado la vida. Pero intentó evitar un nuevo cero dentro de su irregular temporada y se aferró con uñas y dientes a su Honda, estrellándose contra Edwards y Valentino y perdiendo el casco como consecuencia de la brutalidad del choque.
Tenía 24 años. No merecía acabar así. Nadie merece acabar así.
Aunque, como siempre en estos casos, puede que lo más duro sea el drama del superviviente, la culpabilidad de los otros dos implicados en la tragedia, Colin Edwards y su íntimo amigo Valentino Rossi. El primero declaró recientemente: "Los últimos días han sido muy duros, sobre todo las primeras 24 horas después del accidente cuando me vinieron miles de preguntas a la cabeza. Qué habría pasado si hubiera hecho esto o hubiera reaccionado de aquella manera. ¿Podría haber hecho alguna otra cosa? Pero cuando regresé a casa volví a ver el vídeo y encontré la respuesta inmediatamente: no pude hacer nada para esquivar a Simoncelli. Y, como yo, tampoco Valentino Rossi". Y, aún así, siempre queda la duda de qué habría pasado si...
Los lamentos, el luto, los homenajes. Mañana Cheste se concentrará en recordar al italiano. Parece ser que el público asistente se poblará de enormes pelucas rizadas imitando la característica melena de Marco. También habrá un minuto de ruido y casi todos los pilotos adoptarán las más diversas iniciativas para honrar su memoria. También se ha anunciado que el circuito de Misano cambiará su nombre por el de Marco Simoncelli.
En cualquier caso, será difícil olvidarlo. Como declaraba Edwards, "Hemos perdido una estrella luminosa. Marco era muy querido por los aficionados por su personalidad, su carácter y su carisma. A la gente le gustaba verle no sólo por las carreras sino por lo que conseguía transmitir. Marco era una personalidad de las que no abundan en Moto GP, aunque sé que alguno no estará de acuerdo con esto. Me gustaba mucho la forma en la que se relacionaba con los tifosi".
Allá donde esté, descanse en paz.